El Hospicio de San Fernando, el edificio Telefónica y la Gran Vía: de como lo “viejo” da paso a lo nuevo

     Madrid siempre fue una ciudad gustosa de novedades y a la postre ese ha sido uno de los motivos que han causado la desaparición de muchos de sus edificios o monumentos, pues no se dudó en usar la piqueta para transformar continuamente su fisonomía. Tal es la fama que tiene Madrid.

     Hay un momento en especial en la historia de la ciudad en que se ve cómo afecta a la imagen de ésta ese gusto por las novedades y por otra parte como se inicia la toma de conciencia sobre su pérdida patrimonial: es el año de 1925. En éste una oleada de protestas y una campaña de presión orquestada por la intelectualidad madrileña logra in extremis salvar de la demolición la fachada principal, capilla y escalera del antiguo Hospicio de San Fernando. Ya se habían derribado las tres cuartas partes de éste, pero lograron salvaguardar lo más representativo, su portada granítica obra del insigne arquitecto madrileño Pedro de Ribera. El tercio salvado del hospicio, comprado por el Ayuntamiento de la Villa, pasó a ser sede de una antológica exposición sobre el Antiguo Madrid, germen de lo que posteriormente sería el Museo Municipal (hoy transformado en Museo de Historia). Hoy padece lánguidamente una suerte de suspensión mientras terminan unas obras de acondicionamiento del edificio que son proverbialmente madrileñas, pues no terminan nunca.

Portada Hospicio de San FernandoPortada del Hospicio de San Fernando, hoy Museo de Historia de Madrid.

     Ese mismo año de 1925 se iniciaba la construcción del primer rascacielos de Madrid: el edificio de la Telefónica, obra firmada por un joven arquitecto, Ignacio de Cárdenas. El primer proyecto se le había adjudicado a Luis Moya, arquitecto que gustaba en sus edificios del neobarroco, o mejor dicho, neoriberesco. Estilo muy acorde con la exaltación que en la década de los años veinte del siglo pasado se está haciendo del lenguaje arquitectónico de los hasta entonces denominados arquitectos churriguerescos. Moya había planeado una megaportada barroca, tomando como ejemplo el recién salvado Hospicio, en una suerte de homenaje a éste. Sin embargo, finalmente su ayudante Cárdenas recibirá el encargo de hacer él el proyecto, pero incluyendo elementos de ese lenguaje barroco planeado por Moya en partes importantes del edificio, como en la portada y en el remate de las cornisas.

Detalle de la portada del Edificio TelefónicaDetalle de la portada del Edificio Telefónica.

     Para entender el edificio de la Telefónica hay que hacer hincapié en qué es y en qué se basa para su construcción. Como lo calificó Ángel Fernández:La Telefónica es un edificio de connotaciones absolutamente americanas en pleno corazón de Madrid. Participa, si no de la comprensión, sí de la admiración hacia los grandes arquitectos americanos”. El nuevo estilo de arquitectura que desde finales del XIX se estaba desarrollando en EEUU es fundamental para la renovación de la arquitectura europea del momento, que se estaba ahogando en la repetición de las formulas historicistas, intentando buscar en ellas un modelo definitivo, válido y universal de la arquitectura. En EEUU, sin embargo prima un valor sobre ese decorativismo: el utilitarismo. No se despegan del historicismo por desdén al detalle, sino porque lo que hacen es una decoración con masas, juegan con los volúmenes geométricos. Eso que los americanos llaman el estilo “SET-BACK”, y que los arquitectos españoles tradujeron por el término “Retranquear”.

     Para los europeos tuvo una fascinación especial esa nueva arquitectura americana de los rascacielos, que estaba configurando el crecimiento vertiginoso de ciudades como Chicago y Nueva York. Esa digamos “moda” se conoció pronto en Europa así como en España. Ya en 1922 un joven arquitecto Roberto Fernández Balbuena, describía su fascinación por los rascacielos de Nueva York, y defendía su leguaje de sencillez como el futuro de la arquitectura, aunque era consciente de que en Europa el lastre cultural era más pesado y que costaría desprenderse de él.

     Los Rascacielos nacieron por una serie de razones objetivas:

1)     La necesidad de construir a bajo coste y la especulación que hacía subir demasiado los precios, llevó a que se determinara construir en altura.

2)     La aparición de nuevos materiales, como el hierro laminado y el acero, propiciaron que las estructuras pudiesen alcanzar mucha mayor altura sin necesidad de gruesos muros.

3)     La aparición de nuevas soluciones a problemas técnicos, es decir la invención del ascensor que permitió que la construcción en altura no fuera un problema.

     En síntesis el rascacielos era la respuesta económica y útil al momento de desarrollo que estaba viviendo EEUU. En Europa éstos van a verse como una influencia del maquinismo y una expresión de la idiosincrasia propia del pueblo americano. Pero también habrá diferencias entre las escuelas de EEUU, frente a la sencillez de Chicago, en Nueva York los grandes hombres de negocios exigirán en sus edificios comerciales lujo y estilo. Esto hará que en esta ciudad se busque la belleza siguiendo el mismo criterio de los edificios europeos de índole comercial. Así en la década de los años 20 en la Quinta Avenida predominarán las glosas a los estilos europeos. Es por ello que el edificio de la Telefónica está más emparentado con el espíritu de Nueva York que con otras escuelas de EEUU. Es a esa ciudad a donde viajará el arquitecto Cárdenas, y allí recibirá el asesoramiento del arquitecto de la ITT norteamericana.

Edificio TelefónicaVista general del Edificio Telefónica.

     En Nueva York la tendencia de los edificios era hacia una forma piramidal debido al empleo de los retranqueos, que se usaba para dar luminosidad y ventilación a las calles. Así se cumplían las normas constructivas impuestas por la ciudad, que intentaban impedir que la especulación hiciese de los rascacielos estructuras oscuras o peligrosas ante un incendio. Estas mismas normas serán las que siga el arquitecto de la Telefónica Cárdenas a la hora de construir su edificio ya que Madrid, como siempre, se carecía de normas urbanísticas adecuadas que regulasen la aparición de los rascacielos.

     El nuevo edificio se erguirá en una avenida, La Gran Vía, abierta a costa de la demolición de edificios emblemáticos y altamente atractivos, como el Colegio de Niñas de Leganés, espacio muy significativo del barroco madrileño. No vamos a entrar de lleno ahora en el problema que supuso la apertura del nuevo eje de la Gran Vía madrileña, pero sí vamos a comentar cómo es en este nuevo eje donde todas las empresas buscarán colocar un edificio. Y serán empresas ya que la gran especulación que se produjo con esos terrenos hizo inviable la construcción de edificios de uso residencial. Asimismo, la apertura que suponía La Gran Vía en el centro del casco antiguo de Madrid conllevó problemas de inserción de ésta dentro de la topografía de la ciudad que se vieron obligados a solucionar. Ese fue el caso de cómo conectar la vaguada de la Castellana hasta el promontorio de la Plaza de San Luís, para volver de allí a descender hasta la Plaza de San Marcial o de Leganitos.

     El proyecto de La Gran Vía se dividirá en tres tramos, comenzándose a urbanizar y a edificar desde la intersección con la calle de Alcalá. El Primer tramo (Alcalá – Red de San Luís), estará lleno de edificios de estilo ecléctico como es el edificio de Luis Moya de la casa del párroco de San José; los de la Constructora Calpense de José Yanoz en el nº 29; o el de Viviendas de Pablo Aranda, en el nº 26. El edificio de la Telefónica se situará entre el primer y el segundo tramo, beneficiándose así de una ubicación privilegiada y permitiendo su contemplación en solitario como rascacielos.

     Así pues, salvar en 1925 el Hospicio de San Fernando y construir ese mismo año un rascacielos en su honor, derribando buena parte del patrimonio inmueble histórico artístico de la zona, supone sin duda una paradoja muy madrileña, porque como cuenta una anécdota: “le preguntaron a un labriego del campo que vino a la ciudad de Madrid que cuál era su impresión en definitiva qué si le gustaba la ciudad, a lo que el labriego contestó: se lo diré cuando la acaben”.