Cuando el arte tiene fecha de caducidad: ¿Patrimonio perdido? (II)

La semana pasada tratábamos del arte efímero y fundamentalmente nos referimos a la arquitectura, dentro del contexto de las celebraciones tanto religiosas como civiles en la época moderna. Para ilustrar más este asunto le hemos dedicado otro post en el artículo que publicamos el pasado miércoles a una de esas manifestaciones que creaban escenografías y arquitecturas efímeras: la Fiesta Barroca. Nuestra intención es seguir reflexionando sobre estas cuestiones de la durabilidad en la época contemporánea. No pretendemos hacer una síntesis de todo lo que se ha hecho, sino mostrar ejemplos interesantes.

Ya os comentamos anteriormente los dos hechos que nos habían llevado a reflexionar sobre lo efímero en el Arte. La proclamación del nuevo rey Felipe VI y el desarrollo del proyecto Street Art por Google. Para un acto como el primero, en el pasado, se hubieran desplegado toda una serie de arcos de triunfo y arquitecturas efímeras, como las levantadas en Madrid para festejar la entrada en la ciudad de Alfonso XII allá por 1875. Ahora ese tipo de acciones no se conciben, por lo que lo más parecido ha sido la decoración a base de grandes banderolas de la Giralda de Sevilla, campanario de la catedral y antiguo minarete, símbolo de la ciudad hispalense.

En el mundo contemporáneo lo efímero se entiende de otra forma, pasa a ser una categoría artística más y le da un valor añadido a la experiencia artística. Se han desarrollado conceptos como el happening o la performance que se han instalado en nuestra sociedad, y aunque sigan provocando cierto resquemor en el gran público, cada día tienen más visibilidad en centros culturales, museos y otras instituciones.

En estos casos la obra de arte es efímera por definición y sólo quedará de ella documentación que posteriomete siga haciéndola visible. Uno de los artistas contemporáneos que mejor ha sabido jugar con el concepto de lo efímero y la monumentalidad es Christo, artista que junto con Jeanne Claude, revolucionaron el concepto envolver para crear juegos interesantes sobre volúmenes y formas. Las obras de Christo y Jeanne Claude son efímeras por definición y de ellas sólo quedan esos documentos de los que acabamos de hablar, es decir fotografías y los bocetos preparatorios. El modo de actuar de estos artistas es mantener, con la venta de los documentos y bocetos, una independencia económica que les permita seguir con proyectos cada vez más ambiciosos y que suelen acabar siendo grandes acontecimientos. Sólo tenemos que recordar dos de sus obras más emblemáticas como por ejemplo: Surrounded Islands donde “envolvieron” con tela rosa unos islotes de Biscayne Bay en Miami, Florida en 1983 o Wrapped Reichtag de 1995 en el que envolvían todo el edificio del Reichtag alemán en Berlín con una tela plateada y cuerdas de color azul intenso.

La actividad creadora del tándem artístico llegó a envolver otros elementos como árboles, puentes, acantilados, etc. Aquí en España dejaron dos proyectos que no se llevaron a cabo: envolver la estatua de Colón de Barcelona y la Puerta de Alcalá de Madrid, de ambas propuestas han quedado dibujos preparatorios.

En cuanto a la arquitectura efímera, en la actualidad ésta va por otros derroteros, seguramente más interesantes, pues aprovechan lo temporal para crear espacios o juegos que muchas veces son osados. En la última Bienal de Arquitectura de Venecia el alemán Heinz Mack, instalaba nueve grandes pilares dorados en la isla de San Giorgio Maggiore, junto a la fachada renacentista de Palladio. El proyecto denominado The Sky over nine columns está ideado para que los visitantes hagan el juego de viajar por el cielo veneciano desde el dorado de las “columnas” (nos resistimos a usar este nombre ya que su base es cuadrada, por lo que en rigor es más ajustado el término pilar) en la isla de San Giorggio hasta la basílica de San Marcos, justo al otro lado del canal, donde se repetetía el dorado en los magníficos mosaicos de origen bizantino que recubren sus cúpulas. En este caso la configuración espacial y el color son elementos casi metafóricos.

Finalmente nos gustaría hacer una reflexión acerca de los límites de las manifestaciones artísticas. Hace muy poco nos encontrábamos con el video que cuenta una performance realizada en una galería de Madrid y que se titulaba El trabajo es la dictadura, ideada por Santiago Sierra. Consistía en contratar para unos días a varias decenas de desempleados auxiliares administrativos para que en unos libros escribieran a mano durante ocho horas al día la frase título de la “obra” para hacer una reflexión sobre la situación laboral actual. Eso sí, a los desempleados se les pagaría el sueldo mínimo establecido y las condiciones de trabajo, ocho horas escribiendo la misma frase con buena caligrafía usando una sola marca de bolígrafo, no eran las mejores. Nos reservamos la opinión ética que nos genera la actuación de Sierra, pero el resultado: los cuadernos escritos y vendidos a 24€ no resultan muy atractivos.

Para acabar, simplemente ver el estado en que se encuentra en la calle de la Montera de Madrid uno de los graffiti originales de Muelle, famoso grafitero madrileño de los inicios de este tipo de manifestación. La pared está totalmente desconchada y cubierta con una red y la pintura de spray totalmente cuarteada y levantada por las esquinas. Más pronto que tarde se perderá una firma que se concibió seguramente para que no durase para siempre, para que desapareciera con el tiempo, con fecha de caducidad.

Grafitti de Muelle en la Calle Montera de Madrid.

Grafitti de Muelle en la Calle Montera de Madrid.