Cuando San Juan baje el dedo. Del futuro de la cultura en nuestro país

El devoto

En este profundo depósito / de catedral, hieráticos / como una triste cuadrilla de obreros de yeso / los santos esperan al restaurador / en un altar y otro / fueron deteriorándose, atacados por las moscas, / las polillas y los abusos / de la fe.

Aquí ya no son San Francisco, San Valentín, San Judas, / cualquiera es cualquiera, bultos / humanos, desfigurados y sin nombre, esperando al viejo restaurador /

que murió hace tiempo.

Estos anónimos / que fueron rezados, celebrados, contemplados / con infinita devoción / son ahora mismo mis santos. Aquí soy el único fiel y el prelado.

Ante ellos me arrodillo / Y rezo con más solidaridad que fe.

“Cosas del cuerpo”, 1999

     Queremos comenzar esta nueva temporada con literatura, con este magnífico poema del peruano José Watanabe (1945-2007), como excusa para una pequeña reflexión acerca del presente y futuro de nuestro patrimonio cultural.

     El presupuesto para cultura en 2014 es de 716,40 millones de euros, un 0,75 menos que el pasado año. No supone aparentemente un recorte escandaloso, pero lo cierto es que los programas de museos y exposiciones reciben este año 5 millones de euros menos que el año pasado, con una dotación conjunta de 133,90 millones de euros. El presupuesto del estado para programas relacionados con la administración, conservación, restauración y protección del Patrimonio Histórico, que supone el 20 por ciento de la política, tiene una dotación de 143,13 millones de euros. Museos representativos como el Museo Reina Sofía, el Museo Thyssen y el Museo del Prado recortaban su dotación en 2013 entre un 25 y un 30 por ciento.

     Según el Observatorio de la Cultura de la Fundación Contemporánea, las instituciones y empresas culturales españolas sufrieron una reducción presupuestaria del 49,8% entre 2009 y 2013 y un 20% de las mismas han recortado sus plantillas en más de una quinta parte. Habrá que esperar a que finalice el año para conocer la tendencia de este año, pero el pronóstico es poco halagüeño. Las principales consecuencias de esta caída son una pérdida de diversidad de oferta cultural, que concentra su mayor actividad en Madrid y Barcelona, debido a la cancelación de muchas de las actividades que se venían realizando.

     Un año en el que se ha cerrado el Cosmocaixa de Madrid, referente nacional en divulgación científica, con más de 30000 visitantes anuales, un año en que el Ministro de Educación, repetimos, de educación, defendía a capa y espada el incremento desproporcionado en las tasas universitarias, argumentando entre otras cosas que la formación universitaria “no forma parte de la obligatoria”, y una vuelta al cole con la noticia de que el gobierno se plantea un canon por el préstamo bibliotecario…¿Hacia dónde camina la cultura en este país?

     Historiadores, documentalistas, restauradores, artistas plásticos, ven frustrado su deseo de vivir y trabajar en aquello para lo que se ven altamente capacitados, en un país que es el suyo, en una cultura de la que se sienten partícipes, y que es la que han aprendido a valorar y respetar. Ante esta situación, profesionales cualificados se ven obligados a abandonar el trabajo que venían realizando, o a marchar fuera de nuestras fronteras para continuar con su labor. Un país tan rico en patrimonio como España, asiste a una diáspora de gente joven y no tan joven, formada con dinero público, que decide salir a comerse el mundo antes de que se les caiga encima.

     Nosotros, como los médicos, también colgamos la bata y decimos basta, también tenemos nuestra particular lista de espera. Y decimos esto y no podemos tampoco creernos el ombligo del mundo, cuando es evidente que otros recortes presupuestarios probablemente tienen consecuencias más graves y hay otras necesidades más perentorias; pero, si dificultamos el acceso de los más jóvenes a la cultura, ¿Qué futuro vamos a ofrecer a nuestros hijos?

     Después de las vacaciones, volvemos con fuerza, reivindicativos y protestando.

     ¡¡¡Bienvenidos!!!.

Vega del Bur. Retablo desmontado al fondo de la iglesia, esperando tiempos mejores.

Vega del Bur. Retablo desmontado al fondo de la iglesia, esperando tiempos mejores.