La historia cuenta: El Hospitalillo de San José en Getafe

     Hoy queremos acercarnos a un hecho casi milagroso, la preservación del patrimonio arquitectónico y el uso y disfrute por parte de sus vecinos de un edificio. Nos referimos al caso del Hospitalillo de San José, venerable institución que increíblemente sigue en pie en la zona más céntrica de Getafe.

Entrada principal del Hospitalillo de San José en Gerafe.

Entrada principal del Hospitalillo de San José en Gerafe.

     Getafe, situada al sur de Madrid a unos 12 kilómetros, ha sufrido, como todos los pueblos de su entorno, un crecimiento enorme en el siglo XX, al calor de una industria que se estaba asentando en la zona. Poco tiene este Getafe de aquél que recorrió Ponz a finales del siglo XVIII:

“Los mayores de estos Lugares que se atraviesan, son Getafe, e Illescas. El primero se ha reducido hoy a setecientos, u ochocientos vecinos de tres mil que tuvo: cosa espantosa si se considera bien; pero efectiva, habiendo padecido la misma disminución respectivamente todos los Pueblos nombrados, y otros muchos entre Toledo, y Madrid. La Iglesia de Getafe es magnífica, y grande, formada de tres naves, cuyas bóvedas sostienen grandes columnas, aisladas las del cuerpo de la Iglesia, y las otras anichadas en las paredes. Lo más célebre de este Templo es el Altar mayor, que consta de quatro órdenes, con columnas, enteras, y son el dórico, jonico, corintio, y compuesto. Las pinturas que hay en este Altar son todas muy bellas del Racionero Alonso Cano: representan asuntos de Santa María Magdalena, titular de la Iglesia; y las principales son quatro quadros grandes, sin contar otros muchos pequeños. El Tabernáculo forma un Templecito muy gracioso de dos cuerpos, adornado de columnas. Las pinturas de los Altares colaterales, dedicados al Niño Dios, y a nuestra Señora de la Paz, son asimismo bellísimas y del expresado Cano. La escultura del Altar mayor, en la que se figuran los Santos Apóstoles, la Crucifixión, &c. no es de tanto mérito; pero son pésimos los altares modernos, que hay a uno, y otro lado del cuerpo del a Iglesia, y debían quitarse para que no afeasen lo demás. Merecen mucha alabanza los de Getafe, que en medio de tantas fealdades, con que en quasi todas partes se han desfigurado los Altares antiguos de buena Arquitectura, no hayan hecho lo mismo en su Altar mayor: todo se conserva en su sér, y si se quitasen, ciertas gradas modernas, no había que criticar. También merecen mucho elogio por haber deshecho el Coro, que desfiguraba, y asombraba el Templo, fabricándolo ahora encima del pórtico. Hay en este Pueblo un Colegio de Padres de la Escuela Pía”.

     No menciona Ponz la existencia del Hospitalillo. Era ésta una construcción que databa de principios del siglo XVI, en plena era renacentista y que sin grandes pretensiones artísticas, tenía por objeto dotar al pueblo de un lugar de asistencia para vecinos sin recursos.

Patio central del Hospitalillo de San José de Getafe.

Patio central del Hospitalillo de San José de Getafe.

     La fundación la realizó Don Alonso de Mendoza, hombre acaudalado y vinculado con Don Alonso Carrillo de Albornoz, el que fuera consejero de Juan II y Enrique IV de Castilla y obispo de Ávila. Parece ser que esta fundación se haría sobre un primitivo hospital que ya funcionaba, aprovechando así para darle nuevo impulso y dotarlo de unas ordenanzas claras. Estamos ante una típica fundación de carácter caritativo, cuyo objetivo principal era dar asistencia a los vecinos enfermos pobres de los pueblos de Getafe, Pinto y Griñón. Para ello otorgó al hospital de tierras para sufragarse con las rentas y dispuso que se situara en la calle principal de Getafe, la que ocupaba el Camino Real de Madrid a Toledo, ya que por su tránsito de viajeros podía ser más conocido y así recibir mayores donaciones anónimas. El fundador llamó al hospital: “Nuestra Señora María de la Concepción”, siendo en un momento posterior cuando se le cambió la denominación por la actual de San José.

     La construcción no se hizo siguiendo un planteamiento único y director, sino que se fue modificando según las necesidades y los momentos. Consta de un patio irregular, aunque de aspecto rectangular, donde las crujías están realizadas en momentos diferentes y a alturas también distintas. El patio sigue la típica disposición de patio castellano del XVI, con columnas pétreas de orden toscano, realizadas en caliza de Colmenar, y una segunda planta con pies derechos y zapatas en madera.

     Además consta de una capilla que por la utilización de los espacios tiene una nave larga de poca altura, ya que en el piso superior se disponían las habitaciones y un presbiterio con una cúpula, posiblemente encamonada, donde se sitúa el retablo principal obra del siglo XVIII del tipo de barroco castizo conocido popularmente como churrigueresco (término que no nos gusta desde Investigart, pues tiene connotaciones negativas por influjo del pensamiento Ilustrado y neoclásico).

Interior de la capilla del Hospitalillo de San José en Getafe.

Interior de la capilla del Hospitalillo de San José en Getafe.

     El retablo sigue una tipología muy madrileña, de tres calles separadas por columnas, en este caso de tipo salomónico, con el llamado sexto orden (capitel inventado por Francisco Bautista, que conjuga las hojas de acanto del corintio y una decoración de ovas y flechas). La calle central más ancha tiene un arco que acoge una excelente talla de San José, que recuerda a las esculturas del mismo tema de Luis Salvador Carmona. En las calles laterales se disponen un Ecce Homo y una Piedad. En el ático del retablo un cuadro que representa la Imposición de la Casulla a San Ildefonso por la Virgen, tema que nos recuerda que durante toda la edad moderna, tanto Getafe como Madrid, dependían del Arzobispado de Toledo, del que este tema de San Ildefonso es escudo y símbolo. El retablo está policromado imitando jaspes de colores (verde y rojo) y además usa el dorado en las decoraciones de roleos y macollas cartilaginosas que hay como transición del ático a las calles laterales y como remate de la calle principal y del arco.

     Conserva también el Hospitalillo un jardín posterior, de libre acceso a los vecinos cuando está abierta la institución, donde se conservan dos elementos interesantes. Por un lado una escultura en metal del siglo XIX, que era parte de una fuente de agua que estuvo situada en la propia Calle Madrid, en la actual Plaza de Palacios, y que fue mutilada en parte durante la Guerra Civil. También conserva las dos pilas de piedra caliza utilizadas como lavadero del hospital, seguramente una para lavar y la otra para aclarar la ropa.

     El Hospital funcionó como tal hasta bien entrado el siglo XIX y durante el XX tuvo varios usos, pero en la década de los años 60 del siglo pasado se dejó de utilizar y calló en el abandono. En 1980 Marcial Donado escribía en el periódico Cisneros, que editaba la Diputación Provincial de Madrid, una reseña en la que además de recordar la historia del mismo, llamaba la atención sobre su estado de ruina inminente, sus palabras resuenan hoy en día como algo vigente:

“Getafe se ha limitado a crecer y crecer; sus edificaciones de pueblo castellano han pasado a ser enormes bloques de hormigón donde al parecer lo más importante es conseguir pisos y más pisos. “Parece que la Historia no cuenta” y es que se ha llegado a olvidar que Getafe tiene también su pasado. Pasado que se encuentra precisamente en estos bellos rincones, hoy en su mayoría desaparecidos. Hoy en Getafe sólo queda la iglesia de la Magdalena (siglo XVI) y el Hospitalillo de San José (siglos XV-XVI); de lo demás, ha dado cuenta la piqueta”.

     Finalmente se consiguió iniciar un completo plan de restauración que se inició en 1981. En la actualidad sigue siendo sede de la Fundación Hospital de San José que se encarga de llevar a cabo labores de asuntos sociales y asistenciales vinculados al Ayuntamiento de Getafe. Además se utiliza su patio para la realización de espectáculos, exposiciones y temas culturales. Son los usos los que mantienen vivos los edificios y esperemos que este pequeño milagro no se convierta en una excepción, sino que se convierta en una sana costumbre.