El Palacio de Santoña: un inmueble ejemplar (II)

     Ya le dedicamos un post a la historia edilicia del fastuoso Palacio de Santoña, actual sede de la Cámara de Comercio de Madrid, situado en la calle del Príncipe (ver aquí). Quisiéramos ahora centrarnos en su decoración y su uso como palacio en el pasado, pues la imagen interior que hoy podemos ver corresponde en gran medida con la decoración realizada en torno a 1876 por el marqués de Manzanero, dirigida en lo arquitectónico por Domingo de Inza, para adaptarla como vivienda y convertirse en el reflejo del gusto y estatus de sus moradores.

     Es en el siglo XIX cuando se establece el concepto de “vida pública” y “vida privada” asociado a lo doméstico. Así se va a constituir la distribución de funciones de la vivienda en virtud de la necesidad de un uso público, semi-público o privado, siendo los palacios o casas de la alta sociedad los primeros en cumplir esta nueva distribución funcional. Frente a la multiplicidad de funciones de las estancias del palacio deciochesco, heredero de tradiciones que se remontan a lo hispanomuslumán, en el decimonónico se establece para cada habitación una función estricta, inamovible, a la vez que la distribución también sufre de una fuerte jerarquización, donde la proximidad o lejanía de una habitación respecto del núcleo público o privado de la casa nos hablan de la importancia o significación de su uso y de la propia configuración jerárquica de la familia. De esta forma la parte pública será destinada, como no puede ser de otro modo a la representación social. La casa se convierte así en la imagen de la familia, y sus estancias en su seña de identidad.

Planta principal del Palacio de Santoña.

     También el acceso a las salas del palacio es jerárquica: Vestíbulo y Salón, donde se reciben todo tipo de visitas; Comedor de Gala o Salón de confianza, donde tienen cabida las amistades más cercanas a la familia y luego las salas de dedicación femenina como el gabinete o boudoir y las masculinas como el salón turco o sala de fumar.

     Para hacerse una idea de los usos y costumbres de estos palacios nada mejor que leer a Doña Emilia Pardo Bazán en el prólogo del libro Los Salones de Madrid (para ver libro completo aquí):

“¿En qué se diferencia un estado de suma cultura de otro estado próximo a la barbarie? Más que en el florecimiento artístico, en el refinamiento social. Y el florecimiento artístico, hoy que el arte ha perdido su carácter colectivo, que no son museos las iglesias, ni maravillas las catedrales, está sostenido por los salones de la gente rica, generosa y de buen gusto. Los pintores se dedican al retrato y a la decoración de recuadros, medios puntos y techos; los escultores, mientras esperan el encargo del monumento o de la estatua, modelan grupos, estatuillas y altos relieves […]; y es el arte de la forjada reja, arte el rameado terciopelo de las colgaduras, arte el tallado aparador, arte la cenefa de mosaico, arte la porcelana en que se sirve el banquete, y arte hasta la colocación de las airosas plantas naturales en el jardín de invierno. […] Todo esto educa la vista, aguza el sentido, afina la sensación, evoca la historia y enseña insensiblemente a discernir lo bello.”

     En el caso del Palacio de Santoña la distribución de las funciones de las salas es la típica del palacio urbano integrado en la ciudad, y por ello carente de amplios jardines. Se deja como espacio público o semi-público de representación la planta noble o principal, es decir el primer piso, el piso bajo suele quedar para servicios y el segundo piso para el área privada y de servidumbre de la familia.

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Francisco Sans Cabot: Escena familiar, s.f. Madrid, Museo Nacional del Prado.

     Vamos pues a analizar algunas de las decoraciones del piso principal, por ser el lugar dónde mayor empeño decorativo se hace, ya que es el lugar de la representación social, el termómetro del estatus del dueño. La intervención de algunos de los nombres más ilustres del panorama artístico español de la época nos habla de la intención del comitente de dejar profunda huella con su palacio. Nombres como los pintores: Francisco Sans Cabot, Antonio Gomar, José Vallejo o Manuel Domínguez, junto con el escultor Manuel Oms, todos ellos con importantes encargos institucionales y con renombre en Madrid van a estar vinculados al proceso decorativo. El signo inequívoco de lo ambicioso del programa decorativo y de la importancia de los artistas que en él participan lo da el hecho de que el propio fotógrafo Jean Laurent, realizara fotografías de todas las pinturas de los techos del palacio para su posterior comercialización.

     La primera pieza importante en la decoración es la suntuosa escalera de tipo “imperial” (ver post sobre escalera imperial aquí) realizada por el escultor italiano Carlo Nicoli, del que ya hablamos en el primer post. La caja de la escalera va a ser decorada con una mezcla de pinturas, esculturas y ornatos en relieve de estuco, todo bajo un estilo neo-renacentista con elementos barroquizantes, seguramente bajo la supervisión del arquitecto Domingo de Inza. En la decoración escultórica, además del grupo del Ángel de la Virtud en el centro del rellano final de la escalera, comprende tres copias realizadas por Nicoli de esculturas antiguas conservadas en museos de Roma: Amazona Mattei, Ceres del Museo Pio Clementino del Vaticano y Minerva Giustiniani. Todas ellas eran conocidas obras romanas que imitaban en algunos casos a los originales griegos vinculados a Fidias, el célebre escultor griego del Partenón de Atenas. En ese mismo piso se combinan con lienzos encastrados pintados por Francisco Sans Cabot, con alegorías de las bellas artes. En la parte superior tondos con retratos de célebres artistas y en la bóveda pinturas del mismo Sans Cabot, con alegorías de España, Cuba y Filipinas. No son frescos, como pudiera parecer a simple vista, sino óleos sobre lienzos encastrados en la decoración del techo. Esta técnica de pintar óleo sobre lienzo para la decoración mural es típica de los pintores españoles del siglo XIX, ya que no son diestros en la técnica del buon fresco que precisa de rapidez de ejecución. Es el mismo recurso que se empleará, por ejemplo, en la bóveda de San Francisco “el Grande” de Madrid. Se puede observar los lienzos en las fotografías de Laurent, hechas antes de su colocación definitiva encastrados en la decoración. Cierra la decoración de la bóveda una magnífica vidriera de la casa Maumejean, con motivos tomados del repertorio renacentista.

     Sans Cabot era por aquellos años director del Museo del Prado (desde 1873) y académico de San Fernándo, formado en París con Couture, podemos ver en su obra ecos de pintores neoclásicos y románticos franceses.

     El vestíbulo, realizado con una sobria decoración de inspiración clasicista, destaca por su techo con un lienzo encastrado con el tema del Rapto de Ganimedes de escuela francesa. En la pared cuelga en la actualidad un soberbio retrato de Juan Manuel Manzanedo, marqués de Manzanedo, realizado por Federico de Madrazo, y que hacía pareja con el retrato de la marquesa del Museo de Bellas Artes de Álava.

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Escuela Francesa: El Rapto de Ganimedes, fin s. XVIII o pp. s. XIX.

     El comedor de gala, luce en sus paredes los impresionantes paisajes realizados ex profeso para esta sala por el pintor castellonense Antonio Gomar y Gomar, así como las dos alegorías de la caza y la pesca pintadas por el pintor cordobés Ramón de Olavide. El techo acoge una alegoría sobre la abundancia de mano del pintor Alejo de Vega.

     Salón turco o fumador, con una decoración de aire arabizante, sin recurir a la moda del neo-mudejarismo o neo-nazarí sino hecha en talleres Parisinos.

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Salón Oriental

     Salón oriental, decorado a base de elementos tomados del lejano oriente, pues a los dragones, aves y formas decorativas reconocidas como “chinescas” se unen unas escenas que reproducen grabados japoneses ukiyo-e. Esta estancia seguramente estaba destinada a salón de confianza, lugar semi-privado y de alta importancia en las visitas de cortesía típicas de la sociedad decimonónica.

     Gabinete o “boudoir”, es la sala típicamente femenina, en ella solían recibirse a las visitas de mucha confianza y era el lugar donde la señora de la casa tenía su pequeño escritorio. Lugar íntimo de la casa. Aquí la decoración se hace mediante un tabique curvo que genera una salita oval, cubriendo su techo un tema mitológico Mercurio y Venus de Plácido Francés. Del mismo autor, en las paredes del boudoir, hay dos escenas: “Escena pastoral” y “Lectura en el jardín” donde aparecen retratados algunos personajes conocidos  del ámbito artístico y cultural del Madrid de 1876.

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Plácido Francés: Venus y Mercurio, techo del Boudoir

     Salón Renacentista o pompeyano, pequeña estancia que comunica el vestíbulo con el boudoir y con el Salón Luis XV, está decorado con motivos ornamentales de raíz renacentista en los que se insertan retratos de los “padres” del renacimiento italiano literario y artístico. Además, cabe destacar el uso de cerámicas incrustadas en las pilastras del muro, cuya procedencia pueden ser Capodimonte en Nápoles o Buen Retiro. En el techo una Alegoría de las Bellas Artes del pintor académico Manuel Domínguez Sánchez.

     Salón Luis XV, es sin lugar a dudas uno de los que más deslumbra, por el uso de decoraciones de origen barroco francés, aplicadas con pan de oro. Destaca el lienzo del techo de José Vallejo con el tema de la Aurora.

     Salón de Baile, en él se conjugan las esculturas de Manuel Oms con las pinturas de Francisco Sans Cabot, dentro de un lenguaje lleno de referentes al renacimiento y al barroco italianos y sobre todo al ejemplo de Luca Giordano en sus pinturas murales madrileñas. En el techo se pinta una Apoteosis del Ducado de Santoña rodeado de toda una alegoría de las diferentes regiones que constituían España. En los muros unas alegorías de las cuatro estaciones. El efecto en su conjunto es realmente suntuoso.

     Este palacio daba así la dimensión de sus moradores, un matrimonio rico y de gustos exquisitos, acostumbrados al gasto en objetos artísticos. Solían recibir en sus salones a lo más granado de la sociedad madrileña de la época, tenían intimidad con la familia real a la que incluso la marquesa prestaba joyas. Del marqués de decía que la Puerta del Sol era “el patio de Manzanedo” y que sólo el Palacio Real podía superar a éste en riqueza.

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Salón de Baile (actual salón de actos) Palacio de Santoña. Foto @Unsereno (blog: Un Sereno transitando la ciudad)

     Recientemente restaurado, ahora podemos volver a disfrutarlo gracias a las visitas programadas para estas fechas como nos cuenta nuestro amigo: Un Sereno transitando la ciudad aquí.

     Si no podéis acercaros a Madrid aquí os dejamos el enlace a las impresionantes vistas en 360º de Jesús C.V. aquí y su fabuloso álbun de fotos aquí.