Unos mucho y otros nada. El porqué la cultura NO debería politizarse

     Somos un país curioso, por decirlo de alguna manera. Lo mismo gastamos cientos de millones de euros en el homenaje a algún personaje por su aniversario y realizamos docenas de exposiciones y actos en su honor, como nos olvidamos de otros y no hacemos ni un simple acto de conmemoración. ¿Qué rige que se hagan unos grandes fastos o que el personaje quede en el olvido? La importancia del hecho o individio desde luego que no. Estas semanas hemos leído en la prensa artículos (aquí y aquí) que se quejaban amargamente del olvido con el que el aniversario de Miguel de Cervantes está siendo tratado y más si lo comparamos con todos los actos con los que los ingleses están agasajando a Shakespeare, cuyo aniversario de muerte también coincide con el del autor de “El Quijote” (página para los actos de Shakespeare aquí). La importancia de Cervantes y de sus escritos es inegable, creo que eso nadie lo pone en duda. Entonces ¿por qué estuvimos buscando el año pasado como locos sus restos en el Convento de las Trinitarias -donde todos sabíamos que fue enterrado- y nadie se preocupa este año de homenajearle como es debido?

     Parecería que se trata de una simple cuestión política. El año pasado se quería utilizar el posible “descubrimiento” de los restos de Cervantes como una noticia de impacto que hiciera de alguna manera brillar el mandato de la anterior alcaldesa de Madrid, quien quería cerrar con ese “broche de oro” su mandato. Ahora, que los gobiernos están en funciones y no saben sí llegarán a cortar las cintas rojas de las inauguraciones de posibles actos parece que nadie está interesado en realizar actos culturales… Ya sabemos todos que para lo único que interesan es para que los gerifaltes a los que nada les importa la cultura puedan lucirse de vez en cuando en ambientes más amables y sin presiones (leer el interesante artículo de Peio Riaño sobre el tema aquí), pero la cultura no se merece este maltrato sistemático y esta politización.

     Los fastos que se realizaron con motivo de los aniversarios de Carlos V y Felipe II fueron abrumadores. Se creó incluso una Sociedad Estatal para mover por todo el mundo las exposiciones creadas y gestionar la ingente cantidad de dinero con el que se dotaron los actos. La lista de las exposiciones realizadas y el volúmen de los catálogos es realmente asombroso, mi estantería da fe de ello. Pero no sólo se realizaron exposiciones si no que también tuvieron lugar simposios y se publicaron libros varios (aquí os dejo un enlace con los libros publicados). Todavía recuerdo pasarme horas visitando la muestra de Felipe II en el Museo del Prado. Nunca he vuelto a ver una con tantas piezas y en la que se haya gastado tanto dinero. ¿Por qué interesaron especialmente Carlos V y Felipe II? Pues por que era una forma de recordar nuestra historia triunfal y de bañar a los gobernantes de aquél momento con el mismo halo de hombres de Estado con los que se asocia la imagen de ambos soberanos. Por ello, cualquier dinero y acto parecía poco para homenajear a ambas figuras.

     Sin embargo, ¿qué sucedió en el año 2000? Se conmemoraba el trescientos aniversario de la muerte de Carlos II. Pues nadie se acordó de ello. Creo que no yerro si afirmo que no se hizo ni una sola referencia a su fallecimiento. El fin de la dinastía de los Austrias sólo se mencionó por que varias fueron las exposiciones que celebraron la llegada al trono de España de los Borbones en la figura de Felipe V. Y me diréis, bueno es que Carlos II forma parte de esa España negra que se quiere olvidar… Pues habría sido un buen momento para desmontar ese mito negativo y poner ese final del siglo de oro español dentro del lugar que se merece, como muestra Ángel Aterido en su último libro. Carlos II fue el responsable de la llegada a España de Luca Giordano y fue quién extendió a todos los sitios reales la claúsula testamentaría creada por su padre para vincular al patrimonio de la corona “todas las pinturas, tapicerías, espejos y demás menaje con que están adornados el Palacio de esta corte y los demás Alcázares reales, quede todo vinculado… para mi sucesor y sucesores en esta Corona”. Así pues, gracias a Carlos II se conservó buena parte de nuestro patrimonio artístico… No me parece mal motivo para homenajearle aunque sea con una única exposición, ¿no?.

Luca Giordano: Carlos II como Jano Bifronte. Palacio Real de Aranjuez.

Luca Giordano: Carlos II como Jano Bifronte. Palacio Real de Aranjuez.

     Otro ejemplo de que no tenemos medida ni una programación pensada con una cierta coherencia, más allá de los impulsos o de los intereses políticos de turno, fueron todos los actos que se desarrollaron en torno al año Greco, un empacho del que muchos todavía no nos hemos recuperado. ¿Tuvo algo que ver el querer apropiarnos como 100% patria la figura de un pintor nacido en Grecia? ¿Quisimos demostrar que le queríamos más que en su país de origen? Me gusta el Greco, mucho, pero creo que realizar en un año siete exposiciones (aquí), varios simposios y un sinfín de actividades fue un poco excesivo (aquí un resumen de actividades). Muchas de las exposiciones repitirieron ideas e incluso piezas, pero parecía que todas las ciudades de España tenían que sumarse a la orgía y hacer hincapié en que el pintor pertenecía a Toledo.

     Sería conveniente, de una vez por todas, que la cultura y las conmemoraciones culturales se convirtieran en un asunto de Estado primordial, fuera de los vaivénes políticos o del gusto y capricho de alguien. Se necesita de una estrategia cultural planteada seriamente y por expertos, que permita que nuestra cultura salga reforzada y cada artista, personaje o acontecimiento tenga su puesta en valor y el lugar que le corresponde dentro de la historia. Como bien dijo Don Quijote: “Los deseos se alimentan de esperanzas”.