Autómatas: la ciencia se convierte en arte

     El deseo de infundir vida en hombres y animales aparece recogido en la literatura, y en particular, en la mitología, en obras que datan del siglo VIII a.c. Figuras clásicas como Herón de Alejandría también hicieron intentos de emular el poder de creación divino, adaptando mecanismos en distintas figuras. En los siglos XVI y XVII en la revolución científica la animación mecánica en animales fue conducida por los nuevos descubrimientos fisiológicos de personajes como Descartes quien utilizó simulaciones mecánicas para sus investigaciones.

Jaquet-Droz: El Escritor. Musée d’Art et d’Histoire de Neuchâtel, Suiza.

Jaquet-Droz: El Escritor. Musée d’Art et d’Histoire de Neuchâtel, Suiza.

     La mecánica animada o vida mecanizada: el automatón, autómata o humanoide, es uno de los más ansiados objetivos del artificio ilustrado. A través de las eras y culturas, al ritmo de los conocimientos y posibilidades, los muñecos invaden con su simulación la vida real y cotidiana. Los autómatas son figuras humanas o animales que se accionan gracias a un mecanismo interior y simulan movimientos. Los más habituales son figuras de aspecto humano que se disponen en las torres de las iglesias o catedrales. Pero no sólo se construyeron androides, sino que también hubo gran gusto por la fabricación de autómatas con forma de diversos animales, entre ellos los mas representados fueron los pájaros. En el siglo XVI y XVII la mejora en el diseño y producción de mecanismos, así como la reducción del tamaño de engranajes, permitió que estas figuras autómatas se incorporaran a relojes de sobremesa.

Jaque-Drotz: Reloj jaula con pájaros autómatas. Foto y video: http://galeriedesmerveilles.jaquet-droz.com/es/p%C3%A1jaros-cantores/singing-bird-cage

Jaque-Drotz: Reloj jaula con pájaros autómatas. Foto y video: http://galeriedesmerveilles.jaquet-droz.com/es/p%C3%A1jaros-cantores/singing-bird-cage

     Ya desde la mitología griega hay referencia a numerosos autómatas. El autómata, los artificios animados, han ejercido desde siempre una gran fascinación en el hombre. La confusión entre la realidad y la ficción, entre lo natural y lo artificial es algo que siempre ha atraído fuertemente al hombre. Pero los autómatas no sólo aparecen en nuestra cultura occidental, sino que también se hace referencia a ellos en la cultura Inca o Asiática. En la Escuela de Alejandría la fabricación de autómatas musicales fue una actividad común. Lo que interesó a Herón de Alejandría o a Filón de Bizancio, era, más que la utilidad práctica, la posibilidad de maravillar que tenían esos ingenios, de despertar en los ojos y en el ánimo de los espectadores el sentido de lo mágico y lo sobrenatural y, de hecho, muchas de estas máquinas fueron usadas en los templos para aumentar el prestigio místico de la celebración del culto. En el libro de Herón Neumatica se habla de setenta y seis formas que explica los distintos mecanismos para hacer cantar a figuras de pájaros, hacer beber a animales, darles movimiento… Este libro fue muy traducido en los siglos XVI y XVII, influyendo decisivamente en la mecánica lúdica del manierismo.

     En la Edad Media fue relativamente frecuente el uso de figuras articuladas que eran puestas en movimiento por medios muy sencillos durante determinados actos religiosos. Esta sabiduría fue conservada por hombres como Villard de Honnecourt (1250), que durante la oscura etapa que supuso la Edad Media, investigaron y fueron progresivamente mejorando los medios técnicos para que se pudiera llegar a la revolución científica del Renacimiento. El reloj del Medievo y del Renacimiento fue una ambigua mezcla de representación y seguimiento del cosmos, como por ejemplo el famoso reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga. Así, si bien al principio señalaban la hora sin apenas indicación exterior, poco a poco, sobre todo en los relojes públicos, se fueron complicando los mecanismos destinados a su anuncio, hasta el punto de que en muchos casos, a partir del siglo XIV, los autómatas que los adornaban acabaron siendo tan importantes como la propia medida del tiempo. Uno de los más tempranos y espectaculares ejemplos es el instalado hacia el año 1340 en Cluny, bajo la dirección del Abad Pierre de Chastelux. Gracias a un complejo mecanismo, todas las horas eran anunciadas por un gallo que batía las alas y cantaba. En todas las ciudades importantes europeas y en España, se fueron construyendo relojes con autómatas y juegos mecánicos más o menos complicado: el reloj de los Maragatos del Ayuntamiento de Astorga, el reloj de la catedral de Burgos con su Papamoscas…

     La mecánica, siguiendo los consejos de Vitruvio, fue una parte esencial en la formación de los artistas del Renacimiento. Artificios de diverso tipo se encuentran entre las más famosas realizaciones de algunos de ellos, como el paraíso de San Felice diseñado por Brunelleschi. Se denota la clara influencia de los tratados de Herón de Alejandría y son fruto también de la evolución cultural del siglo XV. Con el manierismo llega el gusto por el engaño, la paradoja y el disimulo. Jardines y colecciones será donde autómatas y otros artificios mecánicos aparecen con mayor profusión, constituyendo uno de los elementos más llamativos y que mayor sorpresa y atención provocaron en sus visitantes.

     Los mejores muestras de pequeños artificios para los Salones y las “Wunderkammen” proceden de los talleres de Ausburgo, principal centro de fabricación hasta el siglo XIX de todo tipo de objetos dotados de mecanismos de relojería. La pieza más sofisticada de la que tenemos noticias fue el Pommeresche Kunstrank, construido para el Duque Felipe II de Pomerania; albergaba en su interior, además de un órgano automático, una colección de artilugios de todo tipo: científicos, de escritorio, de aseo, farmacia, juegos… reproducidos a pequeña escala; nada estaba concebido para ser utilizado sino, por el contrario, como elementos de un conjunto en miniatura, al estilo de las colecciones de su tiempo.

     En España Juanelo Turriano destacó como relojero de Carlos V y como constructor para éste de diversos autómatas. Se cree de hecho que Turriano puede ser el autor de un autómata que toca el laúd y que se conserva en el Museo de Viena. Pero no sólo el rey poseía estos deliciosos inventos, sino que también nobles con una gran interés artístico y por lo maravilloso poseyeron autómatas. Ese es el caso de don Juan Hurtado de Mendoza, Duque del Infantado, en cuya colección aparecen más de ochenta relojes y diversos autómatas. El marqués de Leganés también poseía relojes extraordinarios y autómatas, al igual que Juan de Velasco, Vicencio Juan de Lastanosa o Juan de Espinosa. Además de en las colecciones era en los jardines donde los autómatas y órganos musicales aparecen en este momento con mayor profusión, como ocurría en los jardines de la Villa d’Este en Roma.

Juanelo Turriano: Autómata musical de una dama de la corte española con laúd. Kunsthistorisches Museum de Viena.

Juanelo Turriano: Autómata musical de una dama de la corte española con laúd. Kunsthistorisches Museum de
Viena.

     En el XVIII el mundo de los autómatas se emancipa por completo del ambiente preferentemente cortesano en el que hasta entonces se había desenvuelto. Los nombres de constructores como Vaucanson o los Jaquet-Droz son los centrales. Ellos elevaron la idea de la construcción de autómatas al nivel de una “técnica biomecánica”. La perfección de estas obras hizo comparar a sus creadores como nuevos Prometeos, ya que aparecían a los ojos de sus contemporáneos como verdaderos creadores. El autómata, antes juego se convertirá ahora en trasunto de la idea que del hombre tiene la ilustración: el hombre como máquina, regido por sus propios mecanismos, es decir, sus vísceras y músculos.

     Los pájaros cantores serán las maquinas más demandadas durante el siglo XVIII, éstos serán situados en tabaqueras, en relojes de bolsillo, en pulseras, sortijas, pistolas, frascos de perfume, bajo un espejo, en árboles, en grupos escultóricos y en ricas jaulas, como sus semejantes del mundo animal.

     Después no fue un solo pájaro, sino dos, que en diferentes soportes alternativamente se replicaban y hacían su canto más original. En las colecciones reales se conservan diversos relojes que constan de pájaros autómatas en su mecanismo. “Reloj lámpara” creado por Godon, “El Pastor” de Jaquet-Droz…

     Los autómatas son reflejo de una época, un punto de encuentro entre dos mundos, el de la ciencia y el del juego, aparentemente tan separados. Pueden ser entendido casi como una metáfora de la sensibilidad de una época y como objetos-testigo del cambio de mentalidad acerca del hombre, la ciencia, la naturaleza y la relación entre ellos.