Buscando el estilo nacional: Alhambrismo en el Museo de Artillería.

“… antes sabía que la ciudad está enferma y ahora sé de qué enfermedad muere. Para ser historiador de la ciudad, que para mí es lo mismo que ser historiador del arte, la experiencia fue fundamental, aunque angustiosa”

Argán, G. C. (1980) Intervista sulla fabbrica dell’Arte, Roma, p.72.

Antigua fotografía de la Sala Árabe del Museo del Ejercito en el Salón de Reinos del antiguo Palacio del Buen Retiro.

Antigua fotografía de la Sala Árabe del Museo del Ejercito en el Salón de Reinos del antiguo Palacio del Buen Retiro.

  La cita de Argán era utilizada por el profesor Miguel Ángel Castillo Oreja para la presentación de una publicación que no era sino una recopilación de los textos presentados en el Curso Centros históricos y conservación del patrimonio que organizado por la Fundación Argentaria, se celebró en Cáceres en noviembre de 1996. Estos textos salieron publicados en forma de libro dos años más tarde. En ellos se reflexionaba sobre las intervenciones en el patrimonio inmobiliario y la conservación de los centros históricos y como apéndice se incluían además una serie de textos fundamentales: la Carta de Venecia de 1964, la Carta Europea de Amsterdam de 1975, el Coloquio de Quito de 1977, la Carta Internacional sobre Jardines y Sitios Históricos de Florencia de 1981, la convención de Granada de 1985 y la Carta Internacional para la Conservación de la Ciudades Históricas de Toledo de 1986. Todos estos documentos internacionales son un corpus vinculante sobre la manera de entender la conservación y la restauración de los conjuntos histórico-artísticos. Los traigo a colación porque en ellos se suele repetir una serie de conceptos que siguen vigentes hoy en día:

Art.4.- La conservación de los monumentos impone en primer lugar un cuidado permanente de los mismos.

Art.5.- La conservación de los monumentos se beneficia siempre con la dedicación de éstos a una función útil a la sociedad; esta dedicación es pues deseable pero no puede ni debe alterar la disposición o el decoro de los edificios. Dentro de los límites se deben concebir y autorizar todos los arreglos exigidos por la evolución de los usos y las costumbres.

Art.7.- El monumento es inseparable de la historia de la cual es testigo, y también del medio en el cual está situado. El desplazamiento de todo o parte de un monumento no puede ser pues tolerado sino en el caso en que la conservación del mismo lo exija, o bien cuando razones de un gran interés nacional o internacional lo justifiquen.

Art.8.- Los elementos de escultura, pinturas o decoración que forman parte integrante de un monumento, no podrán ser separados del mismo más que cuando esta medida sea la única susceptible de asegurar su conservación.

Carta Internacional sobre la conservación y la restauración de los monumentos y de los conjuntos histórico-Artísticos. Carta de Venecia, 1964.

     En los últimos tiempos hemos venido denunciando el estado de abandono de alguno de los edificios históricos que forman parte de nuestro patrimonio (ver aquí y aquí). Uno de estos edificios que ha centrado nuestra atención es el Salón de Reinos, vestigio del, en otro tiempo glorioso, palacio del Buen Retiro. Finalmente el edificio adscrito al Museo del Prado va a ser acondicionado según el proyecto de Foster y Rubio, ganador del concurso internacional.

     Alegrándonos y mucho por la buena noticia, echamos en falta un elemento importante del proyecto: la sala árabe. Como bien nos recuerda la Carta de Venecia, el monumento es inseparable de la historia, eliminar la sala árabe es atentar contra la historia del edificio y contra los elementos de decoración que forman parte integrante del monumento. Hemos de recordar que los afeitados puristas han acabado con gran parte de nuestro patrimonio (ver aquí) y no debemos repetir los mismos errores.

     Durante el siglo XIX se produce un cambio sustancial en la Arquitectura. Con el empleo de los nuevos materiales de construcción, como el hierro, se transforman tanto la forma, como el volumen de las edificaciones y ello se refleja también en los estilos arquitectónicos, que en esta época entran en crisis en su concepción más clásica. Así, gran parte del siglo XIX va a rastrear en los estilos del pasado, el lenguaje que pueda adaptarse a las nuevas construcciones, creándose lo que hemos venido en denominar los historicismos y el eclecticismo. De todos los estilos del pasado, fueron los medievales los que más interés suscitaron a los arquitectos decimonónicos, ya que el siglo que había dado luz a conceptos como nación o nacionalismo, buscaba en la Edad Media el origen de ese sentimiento de pertenencia a una cultura, ya que el hecho más significativo para la distinción entre los pueblos, que es la lengua, comienza a diferenciarse del latín en ese periodo, surgiendo las lenguas romances. Así veremos como en el siglo XIX español, en la arquitectura, se van a ir sucediendo y superponiendo diversas corrientes historicistas, más o menos arqueologizantes, con otras más eclécticas pero siempre con una fuerte dicotomía entre mirar estilos que vinculan nuestro pasado a Europa o estilos autóctonos que nos diferencian. El lugar donde se van a mostrar esos estilos nacionales, como si se tratara de un escaparate a ojos de las demás escuelas, será en las Exposiciones Universales. De tal forma que en un momento dado, del pabellón de España se esperará la cita de su arquitectura neoárabe, o más concretamente Alhambrista, por ser éste edificio la fuente principal de inspiración por sus motivos decorativos.

     Así podemos remontar a la década de 1840 el momento en que se empieza a utilizar como modelo arquitectónico válido el estilo de Al-Andalus, sobre todo para la decoración de interiores, coincidiendo con la valoración y conocimiento que los viajeros extranjeros hacen de los monumentos andalusíes (pensemos que los Cuentos de la Alhambra de Washington Irving aparecieron publicados por primera vez en 1832, el mismo año que hizo su viaje por España y Marruecos el paisajista inglés David Roberts). En esta labor de reconocimiento de la arquitectura andalusí cabe destacar los trabajos teóricos de José Amador de los Ríos (1816-1878) que dieron sus frutos en obras como Sevilla pintoresca (1844), Toledo pintoresco (1845) o su discurso de ingreso a la Academia de Bellas Artes de San Fernando: De la arquitectura mudejar (1858), siendo este estudioso el introductor de este término en la historiografía.

Federico de Madrazo: Retrato de José Amador de los Ríos. RABASF. Foto: wikipedia.

     Uno de los primeros ejemplos de uso de decoración alhambrista en Madrid, será el encargo por parte de Isabel II para hacer un Gabinete Árabe en el Palacio Real de Madrid. Este Gabinete, que finalmente se instalará en el Palacio de Aranjuez, es el fruto de un encargo a Rafael Contreras Muñoz, restaurador de la Alhambra de Granada, que se había ganado el favor real al presentar a la reina una reducción a escala de la Sala de Dos Hermanas del palacio nazarí. La moda neonazarí, no se circunscribe sólo al ámbito hispánico, sino que gracias a la compra de vaciados en yeso de las decoraciones de la Alhambra, estos modelos llegarán a Europa. Por ejemplo con la reproducción que Owen Jones hace del patio de los leones granadino, en su Alhambra Court para la Exposición Universal de Londres de 1851; o con la adquisición de Victoria & Albert Museum de Londres de reproducciones en yeso de las decoraciones nazaríes al propio Rafael Contreras en 1865.

     Como consecuencia directa de estos modelos surgirá la galería árabe que se hará en el Palacio de Vista Alegre para el Marqués de Salamanca. Concebida como una finca de recreo en el camino a los Carabancheles, Vista Alegre era propiedad de Agustín Muñoz, duque de Riánsares, el esposo morganático de la reina regente María Cristina de Borbón. Tras su obligado exilio en 1840, la finca pasará a manos de Salamanca, uno de los hombres más importantes del Madrid de Isabel II, entorno a 1844, siendo Narciso Pascual y Colomer el arquitecto encargado de terminarla. La galería, conocida por fotografías antiguas, estaba inspirada directamente en los ejemplos granadinos.

     En este ambiente de búsqueda de un estilo nacional, tras el desastre de 1898, el estilo neonazarí será reivindicado como parte de ese pasado glorioso del que había que estar orgullosos. Es por ello que en 1903 se le encarga al escultor y experto yesero, Manuel Castaños, la construcción en el Museo del Ejército, de una sala de inspiración alhambrista para colocar en ella la colección de armas andalusíes pertenecientes a Boabdil, último rey nazarí de Granada. Para tal efecto se hicieron también unos muebles expositores siguiendo este estilo.

     Manuel Castaños era un hábil y bien formado escultor, que ya había trabajado con los modelos neonazaríes en la región de Murcia, como demostró en la fantástica cúpula estrellada de mocárabes que hizo en una de las dependencias del Balneario de Archena en torno a 1898. También habían salido de sus manos las decoraciones escultóricas del Real Casino de Murcia, donde ubicó una sala árabe de clara ascendencia nazarí. Tras el éxito obtenido en su sala árabe del Museo del Ejército -o Museo de Artillería como era nombrado en la época- Castaños trabajará en las decoraciones de yeso en el Parque Florido, la residencia que José Lázaro se estaba construyendo en Madrid y que actualmente es sede del Museo Lázaro Galdeano.

     Del triunfo del estilo neonazarí, o alhambrista, podemos ver ecos en la Exposición Universal de Bruselas de 1910, donde se hizo un híbrido de edificio de clara inspiración en la Alhambra y que contaba con una reproducción de su patio de los leones. Asimismo, muchos palacios y palacetes de finales del XIX y principios del XX acabarían desarrollando decoraciones parecidas, por desgracia muchos de ellos han caído ya víctimas de la piqueta progresista, el mayor y peor enemigo de la conservación. Por ello y volviendo a citar la Carta de Venecia, hemos de conservar íntegro las decoraciones de un edificio que nos hablan de su historia y de la nuestra. No cometamos otra vez un error imperdonable.

     P.D: Existe una petición en Change.org para recoger firmas a favor del mantenimiento de la Sala Árabe. Nosotros ya hemos firmado y os animamos a todos a apoyar esta iniciativa aquí.