El Greco no dormía, soñaba… 2ª parte

     Hace unas semanas os hablamos en el post de la metodología sociológica aplicada a analizar la obra de Doménico Theotocópuli, hoy le toca el turno a uno de las teorías más polémicas y  que más ríos de tinta hizo correr  a principios del siglo XX. Se trata de la metodología científico-médica y fue la que el del Dr. German Beritens aplicó para estudiar la obra de El Greco.

     Beritens pretendía demostrar que los alargamientos en las figuras de el Greco se debían a que éste sufría de astigmatismo. Estaba convencido de que el aparato visual de Theotocópuli era defectuoso. “Si pues, comprobado queda que el astigmata ve alargadas las figuras en una determinada dirección, y el Greco, con esta característica, nos dejó sus cuadros, ¿no será lógico pensar que él fue astigmata?”. Beritens afirmaba que el Greco siempre padeció de astigmatismo, debido a que sufría estrabismo en el ojo derecho, pero que sin embargo había logrado pintar correctamente en un principio de su vida debido a que:

“hasta los treinta o treinta y cinco años, pinta con toda corrección, precisamente por que disponía de una acomodación potente, con la potencia que la juventud le da y pudo de esta manera neutralizar por completo el defecto que tenía, conseguir la unidad de focos, y en estas condiciones, la visión normal, y como ve las cosas tal y como son, así nos las deja en sus lienzos”.

BERITENS, G: Aberraciones del Greco científicamente consideradas, p. 37.

     Para él las pinturas de la primera etapa de el Greco son en su mayoría normales, “que por ellas al pintor no se le hubiera llamado loco. Si así hubiera seguido, sólo se hubiera ocupado de él la crítica, como se ocupa de los otros grandes genios de la pintura”. Es ya en una segunda época de su pintura cuando los rostros y figuras comienzan a denotar un gran alargamiento, “ya empieza a usar otra técnica, y ya no limita tan bien la gradación de su gama de color”. Es el periodo en el que Beritens cree que con el paso del tiempo los ojos del cretense no pueden acomodar tanto (su visión se ha debilitado) y por ello posee la vista normal de un astigmata.

     Refiriéndose ya a la última etapa de el Greco, dice: “Es la época en que no ve más que manchas y manchas deja en sus lienzos. Para él han desaparecido las medias tintas, por eso aparecen las manchas sin fundir; pinta verdaderamente por impresión”. Estos últimos cuadros están “compuestos por borrones, que nos recuerdan la imagen que da una fotografía desenfocada”.

El Greco: Detalle del lienzo “La adoración de los pastores”. Madrid, Museo Nacional del Prado.

     Como podemos observar, Beritens no deja nada a la imaginación y a la personalidad del artista, todo lo atribuye a su supuesta enfermedad ocular. Ni tan siquiera, para él, es normal el colorido empleado por el cretense. Él cree que su colorido de grises se debe a que “seguramente influyó en ello su falta de acomodación, el que los círculos de difusión que se formaban en su retina contribuían a modificar los colores que él veía, esto aparte, claro es, de lo que en él pudieran influir sus pintores favoritos, la escuela en la que aprendió…”. Por fin parecía que Beritens daba alguna importancia a los gustos y a la individualidad del artista, pero éste terminaba inclinándose a pensar que el colorido usado por el cretense se debía a una enfermedad, “¡quien sabe cual!”, que atacaba las membranas profundas del ojo creando lesiones que causaban que el Greco percibiera los colores con una menos intensidad, “como a través de una niebla”. El Dr. Beritens estaba completamente convencido del acierto de su teoría, tanto es así, que afirmaba: “Creo que esto demuestra que todo cuanto se ha dicho respecto de la locura del Greco, de sus condiciones psíquicas, de la influencia que pudo tener la imperial Toledo y cuantas cosas más se han idealizado (respecto del alargamiento de las figuras), caen por tierra”.

     Así pues, la teoría de Beritens, es que el Greco en sus cuadros se atuvo siempre a lo que él veía, y que por lo tanto las deformaciones, que en algunos cuadros, se pueden observar se debieron a que con la edad su astigmatismo se agravó, y por la tanto reflejó una realidad astigmática.

El Greco: Martirio de San Mauricio y la legíon tebana. Patrimonio Nacional, Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

     Con esta hipótesis, como ya hemos indicado anteriormente, se opone a aquellos que ven en el alargamiento de las figuras del cretense una forma de espiritualización de las mismas, o el reflejo de unos tipos típicamente españoles. Para atacar a estos estudiosos Beritens afirma que “sí las figuras alargadas del Greco, como muchos quieren, tienen el valor simbólico de representar almas que se purifican, habremos de convenir en que Rubens no pudo representar tales cosas, por que sus cuadros son totalmente opuestos a los del Greco”. Claramente se ve aquí que Beritens es un científico y no un historiador del arte, por que es más que evidente que un pintor de la carnalidad, la exuberancia y la tumultuosidad barroca, como es Rubens, no tiene punto de comparación con un Greco, en cuyas obras religiosas derivaba hacia un misticismo, una espiritualidad y un sintetismo de formas. La teoría e Beritens resultaba, pues, difícil de mantener, en tanto más cuando la cronología de algunos de los cuadros del cretense sé hacia incompatible con sus hipótesis, entonces alegaba que “ciertos cuadros que se suponían pintados al final de su segunda época, no pudieron serlo, pues claramente se ve que cuando los pintaba, su aparato de acomodación funcionaba enérgicamente”. Y en aquellos cuadros cuya cronología estaba más que probada y había grandes diferencias de concepción en un corto periodo de tiempo, como es el caso del San Mauricio y la legión tebana y El Expolio, alegaba que el Greco al pintar El Expolio (cuadro sin “defectos”) gastó mucha energía. Por eso al recibir inmediatamente el encargo de Felipe II de pintar El San Mauricio, el trabajo excesivo y continuado “bien pudo producir una disminución en las energías del aparato de acomodación, y como consecuencia, una dificultad grande en neutralizar su defecto visual, quedando entonces casi en las mismas condiciones en que se encontraba cuando por razón de la edad las había perdido para no volverlas a recuperar”.

El Greco: El Expolio. Toledo, Catedral de Santa María de Toledo.

     Después de esta obra pintó El Entierro del Conde de Orgaz: “seguramente pasó algún tiempo entre estos dos. En este tiempo descansó de las fatigas que le habían producido tan seguidos trabajos; su aparato de acomodación volvió a funcionar… y de esta manera, y fundándose en esas razones, me explico por qué el San Mauricio, pintado entre esos dos normales (pues el Entierro por tal puede tenerse, a pesar del alargamiento de las figuras), recuerda sus últimos tiempos”.

El Greco: El entierro del Conde de Orgaz. Toledo, Iglesia de Santo Tomé.

     La propuesta de Beritens hoy en día ya es una teoría que ha quedado obsoleta, ya que no da respuesta a muchas de las incógnitas, y las que da en algunos casos no resultan convincentes. Él se olvidó de que en un artista son de gran importancia sus influencias, sus antecedentes y lo más importante su individualidad como tál, su genio personal. Aún así es de reconocer la gran labor que el Dr. Beritens hizo dentro de la difusión de la obra del Greco, y la valoración tan positiva que hizo de sus pinturas:

“¡Señores! Yo no sé si habré sabido transmitir mi modo de pensar sobre éste colosal artista, el que sí es digno de admiración al principio de su vida artística por la perfección de sus obras, la admiración sube de punto al final, no por sus errores, sino a pesar de ellos, si consideramos las grandes dificultades que tuvo que vencer, la abnegación que supone el pintar, en la forma que tuvo que hacerlo. Se necesita todo el corazón de artista y todo el amor al arte que él tenía, para no volverse loco, para no abandonar la paleta”.

BERITENS, G: Aberraciones del Greco científicamente consideradas, p. 54.

     Además, él fue también uno de los primeros que denunció el estado lamentable, en el que se encontraban algunas de las obras del cretense, y reclamó un lugar adecuado para ellas:

“Los cuadros del Greco están distribuidos en multitud de iglesias, donde el polvo, el humo y mil otras cosas los estropean. La súplica es que se trate por todos los medios posibles de trasladarlos a otro templo, el templo del arte, donde sean guardados como lo que son, como verdaderas joyas, y allí, libremente, puedan recibir el culto que merecen: el del estudio detenido”.

BERITENS, G: Aberraciones del Greco científicamente consideradas, p. 56.