Sin imperfección alguna

“… el Cielo para ejemplo en la vida, en las costumbres y en las obras, lo ha mandado aquí abajo, para que los que miran en él puedan, imitándolo, acercar sus nombres a la eternidad mediante la fama; y, mediante sus obras y sus estudios, a la naturaleza; y, mediante la virtud, al Cielo, del mismo modo que él ha honrado continuamente a la naturaleza y al cielo. Y que nadie se extrañe de que yo haya relatado aquí la vida de Miguel Ángel estando el aún vivo, porque, como no se espera que deba morir ya nunca, me ha parecido conveniente hacerle este escaso honor, que cuando bien abandone el cuerpo, como el resto de los hombres, no encontrarán nunca la muerte sus inmortales obras, cuya fama vivirá siempre gloriosamente mientras dure el mundo, por medio de las bocas de los hombres y las plumas de los escritores, a pesar de la envidia y a pesar de la muerte”.

G. Vasari, Las Vidas, 2010, pp. 771-772.

Domenico Cresti: Retrato de Miguel Ángel. Florencia, Casa Buonarroti.

     Con estas palabras era con las Giorgio Vasari terminaba sus Vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros días. Publicado en 1550 todavía faltarían 14 años para la muerte Miguel Ángel, pero ya para Vasari no cabía duda de que éste era y sería en el futuro una figura trascendental de la historia del arte. Desde luego Vasari acertó por completo y en la actualidad Miguel Ángel es considerado uno de los grandes genios de todos los tiempos ya sea en su faceta como pintor, arquitecto o escultor, faceta esta última que fue la primera en darle fama debido a su maravillosa Piedad (1498-1499) y su colosal David (1501-1504).

“¡Que ningún escultor ni raro artista sueñe jamás con la posibilidad de añadir mayor perfección de dibujo, gracia, ni con la de dotar con su esfuerzo a una obra de tanta plenitud, corrección, ni horadar el mármol con tanto arte como logró Miguel Ángel, porque en ella se reconoce todo el valor y el poder del arte!”.

G. Vasari, Las vidas, p. 749.

     Así definía Vasari la Piedad, y es que Miguel Ángel trabajó el mármol de Carrara de una forma tan delicada y precisa que parecía una técnica más propia de las orfebrerías de Benvenuto Celini que de las grandiosas estatuas que él levantó. La Piedad en su delicado recogimiento no deja de ser una obra de casi dos metros tanto de ancho como de largo, mientras que el David luce su mirada desafiante con sus más de cinco metros de altura haciendonos preguntar qué Goliat puede ser más colosal que él. En estas esculturas el bloque de mármol seleccionado resultó esencial para el resultado final. En el caso concreto del David, la pieza había sido extraída de la cantera de Fantiscritti, en Carrara. El gran bloque de 18 pies de altura, denominado “el gigante” fue dañado por varios artistas en su intento de esculpirlo antes de que Miguel Ángel se hiciera con el encargo de sacar de él la figura del David. Su éxito con estas esculturas hizo que recibiera en Roma gran número de encargos. Entre ellos el más destacado fue el de la tumba del papa Julio II que el artista comenzó en 1505 y que continen una de sus esculturas más conocidas, el Moisés, realizado en 1513.

Miguel Ángel: Tumba de Julio II con el Moisés en el centro. Roma, Iglesia de San Pietro in Vincoli. Foto: Wikimedia Commons.

     En 1514, recibe el encargo por parte de un grupo de comitentes para la realización de una escultura que representase a Cristo Resucitado, sujetando la cruz y victorioso sobre la muerte. La obra pretendían destinarla a la iglesia romana de Santa María Sopra Minerva. El material elegido nuevamente fue un bloque de mármol de Carrara de una blanco casi níveo. En el contrato en el que se estipularon las condiciones de ejecución de la escultura se especificó que el Cristo debía ser representado desnudo. Esto no era una provocación, sino que Miguel Ángel pretendía transmitir la perfección espiritual usando la forma clásica. Para la realización de esta figura múltiples fueron los diseños elaborados no sólo por Miguel Ángel, sino también por Sebastiano del Piombo, quien en estos años tuvo una estrecha relación con Miguel Ángel y ayudó a la progresión de ideas y diseños hasta encontrar el adecuado. Entre los años 1514 y 1516 Miguel Ángel trabajó en la talla hasta que, cuando ya estaba muy avanzada, tuvo que interrumpir su trabajo por la aparición en el mármol de una gran veta oscura que cruzaba el rostro de la figura. Sumamente contrariado el artista abandonó la escultura de más de dos metros y medio inacabada…

Detalle del rostro del Cristo Giustiniani donde se aprecia perfectamente la veta negra que recorre el rostro. Foto: Catálogo de la exposición “Michelangelo & Sebastiano”.

     En 1519 Miguel Ángel volvió a Florencia a la busqueda de otro bloque de mármol perfecto para la escultura y recomenzó el trabajo. Pero nuevamente pensó la composición de la figura. El tema de Cristo resucitado fascinó siempre a Miguel Ángel ya que le permitía realizar una interpretación del cuerpo humano como un retrato del espíritu inmortal, en lugar de una forma física imperfecta. En su estado resucitado, Cristo era la encarnación de la belleza divina, la gracia y la energía. Las diversas modificaciones y versiones de este tema le harán encontrar años más tarde la forma adecuada para representar al Cristo del Juicio Final de la Capilla Sixtina, el cual es una evolución final de la figura del Cristo resucitado.

Detalle del Juicio Final de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina con la figura en el centro de Cristo Resucitado.

     Entre 1519 y 1520 Miguel Ángel trabajó incansablemente en la nueva versión de la escultura y en marzo de 1521 la mandó a Roma, pidiendo a su discípulo Pietro Urbano que la terminara. Sin embargo el resultado no debía de estar siendo muy satisfactorio ya que Sebastiano del Piombo escribió a Miguel Ángel para decirle que los trabajos no avanzaban del modo deseado y que era mejor que encomendase a Federico Frizzi la finalización de ésta. Se llevó a cabo tal y como sugería del Piombo y el 27 de diciembre de 1521 la escultura era instalada en la romana iglesia de Santa María Sopra Minerva.

Miguel Ángel: Cristo Resucitado, con un paño de pureza de bronce añadido en el XVII. Roma, Iglesia de San María Sopra Minerva. Foto: Wikimedia Commons.

     A pesar de la colocación de la escultura en el lugar para que el había sido diseñada Miguel Ángel no estaba contento con el resultado final y propuso la ejecución de una nueva figura. Pero los comitentes no estuvieron de acuerdo con su propuesta. Miguel Ángel entonces como una compensación envió a uno de ellos, Metello Vari, la primera versión inacabada la cuál éste colocó en el jardín de su propiedad. Es en dicho jardín donde Ulises Aldrobandini la describió en su libro Delle Statue antiche che per tutta Roma in diversi luoghi et casa de 1556:

“In vna corticella ouero orticello, vedesi vn Chriſto ignudo con la Croce al lato deſtro non fornito per riſpetto dʼvna vena che ſi ſcoperſe nel marmo della faccia, opera di Michiel Angelo, & lo donò à M. Metello, & lʼaltro ſimile à questo, che hora è nella minerua lo fece far à ſue ſpeſe M. Metello al detto Michel Angelo”.

U. Aldoblandini, Delle Statue…, pp. 247-248.

     La escultura se creía perdida ya que su pista se desvaneció en el tiempo. Sin embargo, las investigaciones de la historiadora Irene Baldriga consiguieron dar con ella en el año 2000. Fue entonces cuando se supo que la obra había permanecido a la intemperie hasta que a principios del siglo XVII la escultura fue adquirida por un miembro de la familia Giustiniani quien la recuperó y la mandó restaurar. Es en ese momento cuando se finalizaron las partes inacabadas como la mano derecha, algunas zonas del rostro y la parte posterior de la escultura. Tras su terminación ésta fue instalada en una hornacina en la Iglesia de San Vicenzio Martire en el Monasterio de San Silvestri en Bassano Romano, un pueblo a unos cuarenta kilometros de Roma, en donde a penas era perceptible su “fallo” del mármol en el rostro. Allí permanece todavía hoy día, maravillosa, regia, demostrando que Miguel Ángel no podía concebir imperfección alguna en sus obras.

Miguel Ángel: Cristo Resucitado o El Cristo Giustiniani. Bassano Romano, Iglesia de San Vicenzo Martire.