Lo que el repinte esconde: El “San Fernando ante la Virgen” de Luca Giordano

“Luca Giordano fue padre de la historia con el pincel, como Herodoto lo fue con la pluma: pues así en la sacra historia como en la romana, griega, pérsica, gálica, hispánica y fabulosa, fue peregrino, con gran propiedad, y caprichosa diferencia en los trajes y singular expresión en los afectos, naciones, sexos y edades, de suerte, que dudo que en la universalidad del historiado, con armoniosa composicón, bien organizada de claro y oscuro, y contraposición de luces, le haya excedido, si es que lo ha igualado alguno”.

Antonio Palomino, El Museo Pictórico y Escala Óptica, 1724.

     Así es como Antonio Palomino, discípulo en cierta forma de Luca Giordano, veía la obra de su maestro unos años más tarde de la muerte de éste en Nápoles en 1705. El pintor italiano era considerado como uno de los más destacados y sus extraordinarias condiciones, que le hacían pintar obras inmensas en escaso tiempo, le habían valido el sobre nombre de “fa presto”. Frescos como los de la escalera de El Escorial o el del Casón del Buen Retiro fueron pintados en tan sólo meses, una labor que a algunos habría llevado varios años (de estos techos hablamos en un post aquí).

     Sin embargo, a mediados del siglo XVIII, el cambio de gusto hacia las formas más contenidas, mesuradas y proporcionadas que impuso el neoclasicismo llevó a la total denostación de su pintura. Se consideraba que había sido el corruptor del gusto y se le señaló como unos de los máximos responsables de la “decadencia” de la pintura española tal y como señalaba Ceán Bermúdez en 1800:

“Sus obras, aunque sean recomendables, hicieron mucho daño a los que quisieron imitarlas. Por desgracia fueron muchos lo que acá le siguieron, creyendo haber hallado un camino más corto para llegar a la perfección; pero como estaban faltos de dibujo, se estrellaron, y de aquí vino la fatal de decadencia de la pintura en España”.

Ceán Bermúdez, Diccionario historico de los mas ilustres profesores de las Bellas Artes de España, 1800.

     El juicio durísimo con que se apreció la obra de Luca Giordano desde entonces hará que muchas de sus obras sean olvidadas, cubiertas e incluso mancilladas. Ese es el caso de una de sus obras más importantes, realizada durante su periodo en España, y cuya historia queremos contaros hoy.

Luca Giordano, copia de: Autorretrato. Madrid, Museo Nacional del Prado.

     En la Europa del siglo XVII la pintura italiana era la principal referencia para todos los artistas del Continente. Desde al menos los años 50 los pinceles de Luca Giordano serán unos de los más valorados y ya casi desde entonces habrá interés en España por sus obras. Así tenemos constancia como en 1665 envió desde Nápoles “dieciséis grandes cuadros… para el regio convento de San Lorenzo del Escorial de Orden de su Majestad, repartidos en las maneras de Guido, Tintoretto, Veronés y Españoleto”. Sin embargo, no contentos con la recepción de obras del artista, se empezaron a dar pasos diplomáticos para que éste viniera a pintar a España. Ésto se consiguió finalmente en 1692 y casi de inmediato se desplazará a El Escorial para iniciar las pintura de la bóveda de la escalera y de la nave de la Basílica. El éxito de estos frescos le llevó a recibir el encargo por parte de la corona de otros muchos, como el del Casón del Retiro, al que ya habíamos hecho referencia y al que hemos dedicado un par de post (aquí y aquí), los de la iglesia de San Antonio de los Alemanes, los de la basílica de Atocha, la bóveda de la Sacristía de la catedral de Toledo, o los del despacho y dormitorio del Rey en el Palacio de Aranjuez, de cuyo infortunio también os hablamos (aquí).

Luca Giordano: Carlos II como Jano Bifronte. Palacio Real de Aranjuez.

     En 1702, tras el fallecimiento dos años antes de Carlos II, quien había sido su protector, y ante la incertidumbre creada por la Guerra de Sucesión, Giordano partirá a Nápoles, donde fallecerá en 1705. Antes de marchar, sin embargo, se le encargará uno de los lienzos más importantes de los realizados en nuestro país. Se trataba del cuadro de San Fernando ante la Virgen que debía presidir la capilla del Real Hospicio de San Fernando en Madrid, actual Museo de Historia de Madrid. La comisión de éste fue seguramente regia, ya que el Hospicio contaba con el auspicio regio y el boceto para el cuadro se conserva en Patrimonio Nacional.

Luca Giordano: Boceto para el San Fernando ante la Virgen. Patrimonio Nacional.

     En 1699 se había sustituído el pequeño oratorio existente en el edificio por uno nuevo que se debió a las trazas de José de Arroyo. En mayo de 1703 la capilla fue abierta al culto y en ella, encajado en el testero, estaba el gran cuadro de Giordano de seis metros y medio de alto por más de cuatro de ancho. Palomino nos sirve nuevamente como fuente de información sobre la realización de la obra por parte de Giordano:

“Ejecutó Jordán en este tiempo de orden del Rey, el célebre cuadro del santo Rey Don Fernando en la toma de Sevilla, que está colocado en la iglesia del Hospicio de esta Corte; cosa de excelentísimo gusto”.

Antonio Palomino, El Museo Pictórico y Escala Óptica, 1724.

     Posiblemente sea Palomino el último “cronista” español que alabará el lienzo de Luca Giordano, ya que tanto Ponz como Ceán hacen referencia al cuadro pero sin mayor detalle. La última fuente que nos habla de la presencia del lienzo en la capilla será Pascual Madoz, quien por otra parte si alabará la obra:

“el único objeto artístico que existe en este edificio, digno de ser mencionado, es el cuadro de Lucas Jordán colocado en la capilla, en el cual se espresa á San Fernando, adorando a Nuestra Señora”.

Pascual Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, 1847.

Pedro de Ribera: Portada del Hospicio de San Fernando, ca. 1721. Foto: Cipripedia.

     A partir de ese momento las guías, noticieros, etc. no harán referencia al lienzo. En 1912, los propietarios del edificio que era la Diputación Provincial, intentó derribarlo por considerar que ya no cumplía sus funciones y con la idea de levantar uno nuevo. En ese momento la Sociedad General de Arquitectos solicitó mediante un oficio dirigido a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que se protegiese el edificio. En 1919, gracias a los informes presentados, el Hospicio fue declarado monumento arquitectónico artístico, pero esto no impidió que el proceso de ruina continuase (sobre el estado de ruina del edificio y los planes que sobre éste se cernieron escribimos un post, aquí). El estado de abandono llegó a ser tal que en una imagen tomada en 1907 parece que ni el lienzo estaba colgado en la capilla en esos momentos.

Interior de la capilla del Real Hospicio, 1907. Fotografía: Nuevo Mundo.

     ¿Y que pasó con la obra de Luca Giordano? Pues todo apunta a que hacia finales del siglo XIX o principios del XX, momento de la anterior fotografía, el lienzo se debió de retirar para repintarlo por completo. Sus formas barrocas debían desagradar en aquel momento y se decidió recubrir la pintura con otra más serena, rígida y académica en la que predominaban las formas lineales y secas y que también desvirtú los rostros de las figuras creando otros menos expresivos. Ni que decir tiene, sólo hay que mirar la siguiente imagen, para ver que el artista que realizó el repinte carecía además del más mínimo talento.

Anónimo: Repinte del cuadro San Fernando ante la Virgen. Fotografía: Tomada del libro “San Fernando ante la Vigen de Luca Giordano. La recuperación de una obra maestra…”, 1994.

     Hacia 1921 existe otra imagen de la Capilla en la que ya es posible ver como la obra repintada la presidía. En 1925 el Ayuntamiento adquirió el edificio y se acometieron los trabajos de restauración de éste para poder instalar en él la exposición histórica madrileña y realizar diversas actividades culturales. El cuadro entonces será retirado, tal y como Elías Tormo nos informa:

“la Diputación, al entregar el edificio al Ayuntamiento, había retirado el gran cuadro del altar mayor, de Lucas Jordán, representando en apoteosis a San Fernando de rodillas ante la Virgen”.

Elías Tormo, Las Iglesias del Antiguo Madrid, 1927.

Vista de la Capilla del Real Hospicio en 1921.

     Tormo no hace mención al repinte de la obra y tampoco lo relacionará en 1945 cuando realice un nuevo trabajo sobre la calle Fuencarral y hable nuevamente del cuadro ya colocado en su lugar:

“Así el cuadro, como las pinturas de las pechinas, subsisten en su propio lugar”.

Elías Tormo, “La de Fuencarral…” Boletín de la Real Academia de la Historia, 1945.

     La Capilla pasará a ser convertida sobre esas fechas en Biblioteca Municipal, colocándose delante del cuadro y del altar mayor una serie de estanterías metálicas de tres pisos de altura que imposibilitaron el acceso a la obra. Sin embago, en 1990, con motivo del traslado de la Biblioteca a una nueva sede en el Centro Cultural Conde Duque y la decisión de ampliación del Museo, se decidió hacer unas calas en el cuadro para ver si debajo del repinte había capa pictórica original.

Imagen con las catas realizadas al repinte anónimo del lienzo San Fernando ante la Virgen. Fotografía: Tomada del libro “San Fernando ante la Vigen de Luca Giordano. La recuperación de una obra maestra…”, 1994.

     Al comprobar que debajo del repinte había pintura original se decidió acometer la restauración de la obra la cual duró entre el año 1992 y 1993. Al realizar las calas se vió la diferencia de calidad entre la pintura del repinte y la que había sido tapada, la cual se conservaba en bastante buen estado de conservación y dejaba a las claras que la pintura había sido repintada no por cuestiones de mal estado sino por cambio de gusto estético.

     Al limpiar por completo el cuadro pudo observarse una obra maestra de Luca Giordano, cuyo colorido y fuerza habían sobrevivido a la perfección al “atentado” que intento borrar su genio e historia. Un cuadro portentoso, realizado con pinceladas cortas y rotundas y que deja patente la genialidad que hasta sus últimos momentos conservó el pintor napolitano. El trabajo de documentación del profesor Alfonso E. Pérez Sánchez, Isabel Tuda y María Josefa Pastor y el de la restauradora Carmen Reche permitieron la recuperación de esta gran obra y que otra más de las pinturas de Giordano no fuera borrada de la historia.