Una escultura, dos reinas, un comerciante, una baronía y una investigadora

     El título de este post parece el comienzo de uno de esos chistes antiguos, pero no. Hoy os quiero contar la historia de un enorme e intrincado puzzle que después de muchos años conseguí resolver. No es por tanto la historia sólo de una pieza (para la historia completa tenéis el artículo aquí), sino de cómo conseguí contar su historia. Para ello muchos elementos tuvieron un papel importantísimo. Por una parte la memoria, por otra la imaginación, por otra el no cejar en el empeño de buscar y por último, lo esencial, la suerte. A estas alturas no hay nadie que lea este blog que no sepa dos cosas de quien esto escribe. Una es que es una enamorada del barroco, y la otra es que se ha pasado media vida investigando sobre la reina Mariana de Neoburgo. Vamos, podéis considerarme una rara avis o simplemente una loca con síndrome de Estocolmo. Pero lo que tienen las obsesiones es que uno vive veinticuatro horas con ellas y a veces eso da sorpresas en forma de descubrimientos increibles.

Lorenzo Vaccaro: San Miguel Arcángel venciendo al diablo. Fotografía de finales del siglo XIX. Archivo Barones de Valdeolivos.

     Hace cosa de dos años estaba preparando un artículo sobre los Continentes de plata de la Catedral de Toledo, cuyo resumen publiqué ya en un post aquí. Pues bien, al revisar toda la bibliografía que había sobre el tema me topé con un catálogo italiano de 1984 en el que figuraba uno de los Continentes. Al lado de la fotografía de éste había una escultura que me llamó poderosamente la atención. Se trataba de un San Miguel Arcángel venciendo al demonio realizada por Lorenzo Vaccaro, uno de los escultores napolitanos más destacados de finales del siglo XVII, de más de un metro de alto, realizada en plata y bronce y cuya silueta me resultó sumamente familiar. Estaba segura de no haberla visto antes, pero aún así la recordaba. ¿Cómo podía ser eso? La respuesta, después de darle vueltas y vueltas y ver que en la ficha de catálogo la procedencia no estaba muy clara, me llegó al rato. Era una de esas obras que había imaginado mil veces a través de la descripción que de ella se hacía en el inventario testamentario de Mariana de Neoburgo. En este documento figuraba descrita como un:

[Al margen: (Entregado a D. Lorenzo Tarsis, con orden de S.M.)]: Un San Miguel de bronze con alas y espada de plata, y el diablo a los pies, también de bronze, con peana cubierta de peral, con quatro tarjetas de plata” y a continuación[Al margen: (Entregadas al dicho)]: Quatro tarjetas de bronze y garras o asientos de lo mismo, que pareze son de la dicha peana”.

     La descripción de la escultura de la testamentaría de la reina viuda siempre había pensado que se asemejaba, excepto por la peana, al famoso modelo de San Miguel Arcángel que Lorenzo Vaccaro y Giovanni Domenico Vinaccia habían creado para la Capilla del Tesoro de San Genaro en Nápoles, realizada en 1691 con motivo de la designación del Santo como uno de los protectores de la ciudad de Nápoles. La fortuna de esta escultura hizo que de ella surgieran diferentes copias y evoluciones de la figura, cuya expresividad y movimiento fue en aumento. Para la creación de estas obras sirvió de inspiración el prototipo del Santo creado por Luca Giordano. La figura de Giordano parece danzar, desplegadas sus alas y sus brazos, apoyando uno solo de sus pies sobre el cuerpo en escorzo del ángel caído. Ese movimiento elegante y equilibrado es el que se observa en diversas esculturas de Vaccaro y de su taller ya hacia finales del siglo XVII.

Lorenzo Vaccaro y Giovanni Domenico Vinaccia: San Miguel venciendo al Demonio. Museo de la Catedral de Nápoles.

     La obra, como figuraba al margen en el inventario, había sido entrega a un tal Lorenzo Tarsis por orden de la reina Isabel de Farnesio, quien había sido la heredera de todos los bienes de su tía Mariana de Neoburgo. Por lo que al no haber pasado a las colecciones reales su localización y trazado era casi imposible. Sin embargo, algo me decía que se trataba de la misma obra. La descripción cuadraba y se trataba de una pieza tan monumental y exquisita que desde luego quien la encargó en su día tenía que ser alguien muy poderoso economicamente.

Luca Giordano: San Miguel Arcángel. Kunsthistorisches Museum, Viena.

     Investigando me dí cuenta que el tal Lorenzo de Tarsis había sido un comerciante y platero afincado en Madrid y que había estado sirviendo a la real casa a mediados del siglo XVIII diversos objetos de oro y plata. Las deudas que tanto el rey Felipe V como la reina Isabel de Farnesio habían contraído con él eran cuantiosas, por lo que ésta decidió saldarlas haciéndole entrega de algunas de las piezas de oro y plata que había heredado de su tía. Éste a su vez para recuperar su dinero debió de ponerlas a la venta en su comercio de la calle de la Platería.

     Sin embargo, la escultura tenía una inscripción en la peana y un escudo de armas. Todo mi gozo en un pozo… Según el artículo dónde encontré la imagen, en la inscripción que contenía la escultura se leía “A devoción de Don Miguel Río y Egea”, quien se consideraba que debió ser un rico funcionario español que estaba en Nápoles a finales del siglo XVII. No obstante, al mirar con detenimiento la inscripción ví que lo que yo leía era “A devoción de Don Miguel Ric y Egea”, una pequeña diferencia que lo cambiaba todo, ya que el escudo que acompañaba al texto era el blasón de los Ric y Egea. Ese mismo escudo es el que encontré que estaba representado en la entrada principal de Casa Ric en Fonz (Huesca), la casa familiar de éstos desde el siglo XVI. Las armas eran las de la familia tras el ingreso de uno de sus miembros en la Orden Militar de Calatrava en 1748 y antes de que uno de ellos obtuviese el título de barón de Valdeolivos en 1765. Ésto me daba una fecha bastante aproximada a la hora de datar la inscripción y lo que también me aseguraba es que era imposible que la escultura hubiese sido encargada por la familia Ric ya que Lorenzo Vaccaro había fallecido en Torre del Greco en 1706.

     Me puse entonces a investigar en profundidad sobre los Ric y así supe que Miguel Ric y Egea había nacido en Fonz en 1699 y que con el tiempo llegó a ser alcalde de Casa y Corte, fiscal del Real y Supremo Consejo de Castilla y protector del Real Hospital de la Corona de Aragón en la Corte, llamado de Monserrat. Es por ello que sus numerosas obligaciones hicieron que éste residiera en Madrid al menos desde principios de 1740. En Madrid es donde Miguel Ric adquirió la escultura de San Miguel, al cual la familia tenía gran veneración y cuya capilla en la casa familiar estaba bajo dicha advocación. Más concretamente Miguel Ric adquirió la escultura que había pertenecido a la reina Mariana de Neoburgo en el comercio de Lorenzo de Tarsis hacia 1750 y allí la mandó grabar con el escudo de armas que hemos visto. Tras el fallecimiento repentino de Miguel, soltero y a la edad de 59 años, el 19 de mayo de 1758, sin haber testado, todos sus bienes pasaron a su hermano Pascual Miguel Antonio Ric y Egea, primer Barón de Valdeolivos. En el testamento de éste en 1778 aparece referenciada la obra:

“quiero y vinculo la estatua del Sr Sn Miguel que esta en la Pieza del Dentrado (sic) y en la que tiene las Alas y espada de plata y en la Urna unas planchas tambien de plata, y en una un escudo de Armas de la Casa de Ric, para perpetuar en todos mis sucesores la debocion que habemos tenido al Sto Arcangel Patron de la Casa y a fin y efecto de que la conserben”.

Lorenzo Vaccaro: San Miguel Arcángel venciendo al diablo. Fotografía de finales del siglo XIX. Archivo Barones de Valdeolivos.

     A finales del siglo XIX la pieza fue fotografiada cuando todavía pertenecía a la baronía de Valdeolivos. Poco después, a principios del siglo XX, la familia se vió obligada a venderla por problemas económicos y desde entonces no se sabía nada de su paradero. Bueno, lo cierto, es que de toda esta historia en la que conseguí trazar el periplo de esta magnífica obra de arte durante más de dos siglos, lo único que todavía no he podido averiguar es en qué colección particular se encuentra en la actualidad. Pero eso no fue un impedimento para que, esta apasionante historia de coleccionismo de arte, fuera publicada en una de las revistas más prestigiosas del campo, el Journal of the History of Collections (resumen del artículo aquí). La historia de una escultura de uno de los principales artistas napolitanos, que había pertenecido a una reina, que había sido legada a otra, que había sido cedida para saldar deudas, que luego fue vendida en el comercio madrileño, que había sido modificada cuando fue adquirida por una familia noble y que nuevamente fue vendida olvidando sus orígenes, había conseguido reencontrar su historia y yo había sido quien había logrado encajar todas las piezas del puzzle.