Cuando las figuras de Giordano sobrevuelan nuestras cabezas (I)

     Para muchos de vosotros es conocido el gusto que tenemos por la pintura barroca en general y por Luca Giordano en particular. Pintor al que desde esta plataforma hemos tratado de reivindicar, siendo el indiscutible protagonista de alguno de nuestros post (aquí). Su talento y rapidez a la hora de realizar complejos y espectaculares frescos barrocos le valió en su día gloria y honores, sin embargo eso hoy se ha transformado en un estigma más bien negativo, considerando que el calificativo de Luca “fa presto” con el que era conocido no es del todo positivo.

Luca Giordano: Detalle de la Diosa Cibeles en la cúpula del Casón. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Luca Giordano: Detalle de la Diosa Cibeles en la cúpula del Casón. Museo Nacional del Prado, Madrid.

     En la serie de post que hoy iniciamos sobre las bóvedas de Luca Giordano queremos desarrollar un doble objetivo. Por un lado conocer mejor otro de los vestigios del Palacio del Buen Retiro, ya que como sabéis estamos desarrollando una campaña en Change.org de recogida de firmas para solicitar la reconstrucción del Salón de Reinos (aquí), cuyo proyecto ha sido abandonado tal y como os informamos (aquí); y por otro lado informar sobre uno de los conjuntos pictóricos más importantes del pintor napolitano en España. Queremos así poner en valor un espacio magnífico que en la actualidad es el Centro de Estudios Casón del Buen Retiro, sede de la estupenda biblioteca del Museo Nacional del Prado. Un recinto abierto a todos los interesados en la Historia del Arte en general y en las colecciones del Museo del Prado en particular (ver aquí horario y condiciones de entrada).

Vista de la sala de lectura de la biblioteca del Museo del Prado en el Casón del Buen Retiro.

Vista de la sala de lectura de la biblioteca del Museo del Prado en el Casón del Buen Retiro.

     En la sala de lectura, que no es otra que el antiguo salón de baile y salón de embajadores del Palacio del Buen Retiro, podemos ver un impresionante conjunto de obras de Giordano. En ella no sólo se da cita la magnífica bóveda con la Alegoría del Toisón de Oro, sino que además la sala se completa con un conjunto de once lienzos de temática muy variada y con un elemento indudablemente positivo, la altura a la que por necesidades funcionales del espacio están colgados los cuadros. Esa altura, para poder salvar las librerías, ha proporcionado a los lienzos de gran formato una posición óptima para su visión, en perspectiva de sotto in sù. El visitante de un museo, con la forma actual de colgar los cuadros, ha perdido en muchos casos la visión original para la que los pintores habían concebido sus obras. Sobre como una obra de arte puede llegar a perder su esencia al estar descontextualizada le dedicamos un post hace algún tiempo (aquí) y tal y como hemos incidido estos días al reivindicar la reconstrucción del Salón de Reinos, no hay mejor manera ni lugar de contemplar las obras de arte que en el espacio y a la altura para las que fueron concebidas. Los pintores realizaban distorsiones en la perspectiva y la proporción de las figuras para que en su observación, desde un punto de vista determinado, el ojo del visitante tuviera una visión más “perfecta” con una perspectiva “corregida”. Giordano utilizaba estas correcciones ópticas, y sólo en un espacio tan excepcional como es esta sala podemos ver de nuevo los cuadros a la altura óptima para su visión.

Vista de la sala de lectura de la Biblioteca del Museo del Prado desde la parte superior.

Vista de la sala de lectura de la Biblioteca del Museo del Prado desde la parte superior.

     Tan prolífico fue Giordano, que en los diez años que estuvo en España (1692-1702) dejó innumerables muestras del arte de sus pinceles, quizás demasiadas atendiendo a los criterios actuales, que valoran más las producciones “escasas”. Pensemos en la diferencia abismal de producción de un Giordano o de un Rubens, que superan con creces el millar de obras, con un Velázquez que tiene algo más de cien y un Vermeer que no supera la treintena…

     Además Giordano mantuvo siempre buena sintonía con comitentes españoles en Italia, por lo que ya antes de su venida a España era posible ver obras del napolitano. Una vez en nuestro país no hizo sino “inundar”, si se nos permite la expresión, las colecciones españolas con sus obras, en especial la Colección Real. En esa abundancia de su obra y sobre todo en la calidad desigual de ésta -dependiendo del encargo, tiempo de realización y trabajo del taller-, está el germen del olvido que por parte de los especialistas primero y del gran público después ha venido sufriendo nuestro Giordano. Sólo con la revalorización del barroco y gracias a un estudio más pormenorizado de su carrera y obra se ha podido reivindicar su personalidad artística y valorarlo en su justa medida.

     La venida de Giordano a España tenía un objetivo fundamental, venía a terminar la magna obra de El Escorial. Todos los monarcas de la dinastía se habían propuesto dejar su huella en la arquitectura emblema de los Austrias: el monasterio, palacio, colegio y, lo que es más importante, panteón dinástico. El incendio de toda la techumbre del monasterio, que afectó sobre todo a su fantástica biblioteca, dio la oportunidad a Carlos II de intervenir en la Octava Maravilla, nombre con el que se quiso dar a conocer desde tiempos de su construcción la gran mole escurialense.

Anónimo: El Incencio del Monasterio de El Escorial en 1633. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Anónimo: El Incencio del Monasterio de El Escorial en 1633. Museo Nacional del Prado, Madrid.

     La decisión del propio monarca de respetar íntegramente el aspecto exterior en su reconstrucción, cuando se llegó a especular con la intención de darle un aire más italiano, más clásico, sustituyendo las paradigmáticas cubiertas empizarradas por una techumbre más plana y abalaustrada; es muy sintomática de lo emblemático e icónico que resultaba para los soberanos la imagen exterior del Real Monasterio.

     Sin embargo en su interior, Carlos II, vió una posibilidad de intervención: la decoración había quedado inconclusa. Es por ello que se llamó a Giordano, uno de los mejores fresquistas italianos, para venir a completarla. Giordano era el mejor representante del barroco decorativo en pintura mural al fresco. Muestras de su pericia en esta técnica había dejado en su Nápoles natal, como sus frescos en la Certosa di San Martino. En El Escorial realizará las decoraciones al fresco tanto en la imponente escalera como en las bóvedas de la basílica.

     La mejor presentación que podemos hacer de Giordano es la que hizo el teórico y pintor cordobés Antonio A. Palomino en las vidas de los pintores que añade a su tratado, El museo pictórico y Escala óptica, donde incluye en el tomo III su famoso Parnaso Español pintoresco laureado, donde al tratar del pintor italiano dice:

“Lucas Jordán nació en Nápoles por los años de 1628, aunque oriundo de españa, en el reinado de Jaén de la provincia de Andalucía, donde hay familias muy ilustres de este apellido, por ser uno de los que están colocados en los trescientos escudos del Arco célebre de Baeza. Su padre fue pintor de obrador público; por lo cual se aplicó en tan tiernos años, que delante de mí le dijo al señor Carlos Segundo: que de la misma suerte, que a los niños les ponen a prender la cartilla; al mismo tiempo a él le pusieron a dibujar, y de suerte se hizo en él naturaleza la Pintura, que a los siete años, dijo, hacía ya cosas, que por ser de un muchacho de aquella edad, era muy celebradas; y con esta ocasión, y la de atenderse solo en su casa a pintar, como de feria, adquiró tal manejo, que se dejaba atrás a los más prácticos; y el padre le decía muy de ordinario, dándole prisa: Luca fa presto; y por este nombre era en italiano más conocido, que por el suyo propio”.

     Sobre la filiación artística del napolitano el teórico español dice a continuación:

“Aplicóse después a la escuela de José de Ribera el Españoleto; y se arrimó tanto a su manera, que hacía cosas de su propia invención, que parecían originales de su maestro […]

Después pasó a Roma, donde estudió, y dibujó todas las obras, y estatuas de los antiguos, copiando muchos originales de los primeros hombres, con tan extremada atención, y diligencia, que haciéndose dueño de la manera de cada uno, llegó a imitar de suerte a todos, que cada día nos engañan sus pinturas: imitando, ya a Rafael, ya a Ticiano, a Tintoreto, a Correggio, y a cualquier otro de los más eminentes […]

Aplicóse también en este tiempo a la escuela de Pietro da Cortona, y le asistió en las célebres obras, que pintó al fresco en Roma; adquiriendo en esa especie de pintura tan superior manejo, que llegó a lo sumo de lo, que en esa materia se puede conseguir, así en la belleza, y buen gusto, como en la celeridad del obrar, que era tanta, que lo que él hacía en un día, no lo haría otro en una semana”.

     Con estas palabras de Palomino, pintor que mantuvo una estrecha relación con Giordano, entendemos lo apropiado de la llegada del napolitano a España para atender el deseo de Carlos II de poner él también su grano de arena en los palacios dinásticos, en especial, como comentábamos más arriba, en El Escorial. Palomino nos cuenta como el propio rey Carlos II viajó en varias ocasiones para ver pintar a Giordano el fresco de la escalera, que es lo primero que realizó. Según el tratadista cordobés, la obra estuvo concluida en siete meses, haciéndose proverbial su apodo de “fa presto”.

     El siguiente encargo de importancia en pintura mural que recibió el italiano es la bóveda del casón, que Palomino pasa a describir de la siguiente manera:

“Determinó Su Majestad, que se acabase aquella gran pieza del Retiro, que por haber estado informe hasta entonces, le llamaban “el Casón”; y ahora es el más célebre salón, que tiene monarca, y sirve para las funciones más regias, de embajadas, y otras semejantes. […] mandó Su Majestad a Lucas Jordán, que le pintase al fresco: en cuya consecuencia se determinó ejecutar la idea, y origen de la Sagrada Orden del Toisón; lo cual hizo con singularísimo acierto, poniendo en el medio de la bóveda, en el sitio más directo, a la vista, al Gran Felipe el Bueno, Duque de Brabante, y Borgoña, a quien Hércules, como primero de los argonautas compañeros de Jasón, le entrega el vellocino de oro […]”.

Luca Giordano: Alegoría del Toisón de Oro. Centro de Estudios del Museo Nacional del Prado, Madrid.

Luca Giordano: Alegoría del Toisón de Oro. Centro de Estudios del Museo Nacional del Prado, Madrid.

     Recoge Palomino también las decoraciones que hoy se han perdido del Casón y que fueron retocadas en el siglo XVIII y reproducidas por José del Castillo y posteriormente grabadas (ver artículo de Manuel Rey Rodríguez sobre el tema que fue publicado por el Museo Cerralbo, aquí), y gracias a lo cual sabemos como eran:

“Desde la cornisa abajo, hasta la barandilla, están pintadas las Fuerzas, y Hazañas de Hércules, con extremada expresión, valentía y fiereza, en atención a haber sido el conquistador del vellocino, y el primer dominador de España”.

“En la antecámara de este gran Salón ejecutó nuestro Jordán las guerras de Granada en cuatro cuadros al óleo de cornisa abajo, y de cornisa arriba, en los dos medios puntos, y bóveda diferentes batallas, que precedieron a la toma de aquella gran ciudad, por el invicto Rey Don Fernando el Católico, y su ínclita consorte Doña Isabel. En las pechinas están las cuatro partes del mundo […]”.

     De la antecámara a la que hace referencia Palomino subsisten los óleos, uno de los cuales: Escena de Batalla de la Guerra de Granada, cuelga ahora del muro de la sala de lectura del Casón.

Luca Giordano: Toma de una plaza fuerte. Museo Nacional del Prado, Madrid

Luca Giordano: Toma de una plaza fuerte. Museo Nacional del Prado, Madrid

     Para el cordobés la pintura del Casón es “esta magnífica obra, que a mi juicio, es de lo más elegante, que ejecutó Jordán”. Si de tal forma opina Palomino, no seremos nosotros quienes le llevemos la contraria.

     Continuará…

     Os animamos a que firméis nuestra petición de Change.org para que se reconstruya el #SalónDeReinos del Buen Retiro. No te llevará ni medio minuto y la historia del arte de lo agradecerá (pincha aquí).