Fede Galizia: Más allá de la Naturaleza Muerta.

     Uno de los principales objetivos que nos hemos fijado con nuestro blog es poner en valor el papel de la mujer en la Historia del Arte. No somos ingenuos, en la época que a nosotros más nos interesa, la Moderna (siglos XV-XVIII), el papel de la mujer era muy reducido. El acceso de las femínas a los talleres artísticos era entonces como el acceso a cualquier otro campo profesional para ellas, una excepción. Pero hemos de reconocer esas excepciones, que la historiografía tradicional simplemente obvió. Por eso, aunque sabemos que no son nuestras entradas más populares, seguiremos dando a conocer y difundiendo la obra de estas pioneras. Hoy os proponemos conocer a Fede Galizia (1578?- 1630).

Fede Galizia: Bodegón de bandeja con pie de cristal con melocotones, manzanas y flores. Museo cívico de Cremona. Foto: Wikicommons

     Fede Galizia es junto con Sofonisba Anguissola uno de los mejores ejemplos de mujeres artistas en la Italia de la Contrarreforma. Su nombre está asociado principalmente al género de la Naturaleza Muerta, o bodegón y al surgimiento de este género pictórico en los focos italianos, pero también realizará retratos y obras de temática religiosa. Como la mayoría de sus contemporáneas artistas, la formación le viene dentro del ámbito familiar, ya que su padre Nunzio Galizia, era pintor de miniaturas. Su caso es así similar a otros nombres como Lavinia Fontana (1552-1614, ver post aquí) o Marietta Robusti (1560-1590) que también se formaron en el taller familiar junto con los otros aprendices y oficales.

Fede Galizia: Detalle de Judith y Holofernes. Museo Ringling, Sarasota (Florida, EE.UU.)

     Uno de los rasgos más definitorios de las obras de Fede Galizia, que le ayudarán a lograr estatus y consideración social, será su firma con inscripciones latinas, dando por un lado conocimiento de su formación y por otro reivindicando su personalidad artística. Gracias a ello, sus obras no han acabado siendo atribuidas a sus contemporáneos varones como ha venido ocurriendo con otras pintoras como la citada Sofonisba.

     Su obra fue conocida y valorada por sus contemporáneos, pues sabemos por la documentación de la época que la pintora milanesa realizó retratos ovales de la reina de España, Margarita de Austria, esposa de Felipe III, y de la Infanta Isabel Clara Eugenia. Seguramente se tratarían de pinturas de pequeño formato o miniaturas que pertenecieron al cardenal Cinzio Passeri Aldobrandini, cardenal nepote del Papa Clemente VIII (1595-1605). Y es que los óleos de Fede Galizia estuvieron presentes en algunas de las colecciones milanesas contemporáneas más importantes como eran las de Federico Borromeo, que tan importante fue para el desarrollo del arte contrarreformístico, y la de Manfredo Settala, quien fue director de la Academa de Artes de Milán. Incluso el teórico Gian Paolo Lomazzo en su obra Idea del tempio della pittura (Milán, 1590), mencionaba a la artista en los siguientes términos: «Esta joven se ha dedicado a imitar a nuestros más extraordinarios artistas».

Fede Galizia: Oración en el Huerto (según Correggio). Museo de Arte Antiguo del Castillo Sforzesco. Milán. Foto: Wikicommons.

     Prueba de estas palabras de Lomazzo, se ha conservado una copia suya de la Oración en el huerto de Antonio Correggio (original en Apsley House, Londres) en el Museo de Arte Antiguo del Castillo Sforzesco de Milán (n. inv. 582). Obra de pequeño tamaño (54,1 x 41 cm) es un óleo sobre tabla que recoge una obra celebradísima del pintor italiano, de la que se realizaron varias versiones. La más conocidas de ellas es la que fue adquirida por el Marqués de Serra di Cassano para regalársela a Felipe IV, quien la colocó en el Alcázar de Madrid donde se recoge en el inventario de 1666: “Otro, de media bara de alto en quadro, pintado en tabla, de la adorazión del guerto, de mano del Corezo, en quatro mill ducados de plata…”. El cuadro de Correggio fue uno de los incluidos en el equipaje del Rey Intruso y regalado por Fernando VII a Wellington por lo que actualmente se conserva en Londres, en el Museo Wellington (n. inv. WM 1585-1948). En lo que respecta a la copia de Fede Galizia, ésta ha utilizado un formato rectangular, centrándose en el grupo de Cristo y el Ángel y obviando a los discípulos dormidos que si aparecen en el Correggio. La copia de esta obra por parte de la artista da fe de un hecho importante. En la formación de las pintoras, ante la imposibilidad de poder estudiar las figuras del natural, cobraba una especial relevancia el estudio de los grandes maestros y la realización de copias de ellos como medio para aprender anatomías y composición de figuras. La dificultad de poder estudiar las anatomías hizo que muchas mujeres acabaran dedicándose al género de la Naturaleza Muerta o Bodegón, como ocurrirá con Clara Peteers (ver post aquí).

Nunzio y Fede Galizia: Alegoría celebrativa de Jacopo Menochio y Margherita Candiani. 1606. Col. Privada. Foto: aquí.

     Entre las piezas más sobresalientes de Fede Galizia está el retrato doble que realizó en 1606 junto con su padre, la Alegoría celebrativa de Jacopo Menochio y Margherita Candiani (Col. Privada). En esta obra además de los dos retratos ovales, que serían obra de Fede, su padre Nunzio se encargaría de la fantástica ornamentación de elementos decorativos a modo de trampantojo.

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Fede Galizia. Judith y Holofernes. Museo Ridglin Sarasota (Florida, EE.UU.). Foto: wikicommons.

     En cuanto a sus obras religiosas destacan principalmente las varias versiones (Sarasota, Patrimonio Nacional, colección privada, etc) que hizo del tema de Judith con la cabeza de Holofernes, siendo la conservada en el museo Ringling de Sarasota la que está firmada y fechada en la hoja de la daga que le ha servido a la heroína para decapitar al general asirio. Como buena representante de la escuela lombarda, estos lienzos destacan por el preciosismo y la recreación en los detalles ornamentales: el brocado de la tela del vestido, las joyas que usa como cinturón, el brazalete o el magnífico conjunto de perlas que lleva en el cuello, así como el aderezo sobre la cabeza de Judith, que recuerda mucho a modelos hispánicos que aparecen en las figuras femeninas de la Casa de Austria.

     Otras de sus obras más celebradas es el retablo con el tema del Nolli me tangere que realizó en 1616 para la iglesia de la Magdalena de Milán, hoy en una capilla de San Esteban de Milán. Esta pintura es excepcional por su alta calidad, por lo monumental de su concepción y por el hecho de estar fechada, pues si Galizia solía firmar, no es tan frecuente que aparezca una fecha concreta, lo que ha servido para poder establecer así una cronología en su catálogo de obras.

Fede Galizia: Noli me tangere. 1616. Iglesia de S. Stefano. Milán. Foto: aquí.

     Esta misma fecha se viene utilizando para el fantástico retrato de Hippolita Trivulce, princesa de Mónaco (Palacio principesco de Mónaco) en el que reflejó a la hija de Carlos Enmanuel  Teodoro Trivulce, conde de Melzo y oficial de la Armada española y Catalina Gonzaga. El retrato sigue el modo italo-español, similar a los modelos de Sofonisba Anguissola, Alonso Sánchez Coello o Antonio Moro, pero a la moda de principios del siglo XVII. Seguramente la obra se realizó con motivo del matrimonio de Hippolita que tuvo lugar en la Iglesia de San Esteban, el mismo lugar en el que ahora cuelga el Noli me Tangere. En el reverso del lienzo aparece la siguiente inscripción: “OPERA MIRABILE/ DI MADONNA FEDE GALLICIA/ PITRICE MILANESE”.

Fede Galizia: Retrato de Hipolita Trivulce. ca. 1616. Palacio Principesco de Mónaco. Foto: Geoffroy Moufflet (aquí)

     Otros retratos también muy interesantes son los realizados a Paolo Morgia, jesuita mecenas de Fede, retratado como erudito, escribiendo poemas sobre la obra de la propia pintora milanesa; o el del artista Federico Zuccaro, en el que destacan las cadenas de oro, símbolo de sus triunfos en la pintura, entre las que se incluía una medalla con la efigie de Felipe II, haciéndose eco de su estancia hispana para pintar el retablo de El Escorial (ver post aquí).

Fede Galizia: Retrato de Federico Zuccaro. Galería de los Ufizzi. Florencia. Foto: Wikicommons.

     Pero, como ya hemos indicado, el campo con el que más se asocia el nombre de nuestra pintora es con el del bodegón. En este género, Fede Galizia, opta por composiciones sencillas, normalmente articuladas entorno a un gran frutero o bandeja con pie en el que se exponen piezas de fruta, principalmente melocotones, que se distribuyen por la mesa o repisa sobre la que descansa el objeto. Además solía colocar también algunas flores, con lo que hacía así un guiño profundamente barroco a los sentidos, haciendo referencia a la vista, el olfato y el gusto. Frutas apetitosas, flores olorosas, pero en la ficción de un cuadro.

     La obra de Fede Galizia ha de entenderse en el contexto contrarreformístico de Milán, el mismo lugar donde se educó Caravaggio, en el que predicó Carlos Borromeo y que es fundamental para el desarrollo del barroco italiano. Un movimiento al que la artista perteneció y del que fue un buen ejemplo.